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El cardenal SakoAFP

Ni casa, ni coche: el cardenal Sako desvela su testamento tras 52 años de servicio en Irak y el 'requisito' para su sucesor

Después de trece años al frente de una de las sedes más convulsas del cristianismo, el cardenal Louis Raphaël Sako presenta una renuncia espontánea como patriarca de Bagdad de los caldeos

El Papa León XIV ha aceptado este martes, 10 de marzo, la renuncia de Su Beatitud el cardenal Louis Raphaël Sako como patriarca de Bagdad de los caldeos, sede máxima de la Iglesia Católica Caldea, una iglesia oriental en plena comunión con Roma, que sigue la tradición siria oriental.

La decisión, amparada en el Código de Cánones de las Iglesias Orientales, no ha sido una sorpresa repentina para los muros del Vaticano; el purpurado ya había planteado su salida al cumplir los 75 años, aunque en aquel momento el Papa Francisco le animó a continuar en la brecha. Ahora, Sako ha solicitado el relevo de forma espontánea para dedicarse «en silencio a la oración, a la escritura y al servicio sencillo».

Su ministerio no ha sido un camino de rosas. Sako ha capitaneado la Iglesia caldea en un escenario de guerra, persecución y desafíos que habrían doblegado a cualquiera. «He preservado la unidad de sus instituciones y no he escatimado esfuerzos para defenderla», escribe en una misiva 'de despedida' donde subraya que su labor no solo se centró en la sacristía, sino en la defensa de los derechos de todos los iraquíes y cristianos, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

El testimonio de su testamento

Mirando al futuro, el cardenal no busca un gestor, sino un pastor con un perfil muy concreto para estos «tiempos difíciles». Sako espera que su sucesor posea una sólida cultura teológica, valentía y sabiduría, pero añade un matiz refrescante y poco común: que sea alguien que crea en la renovación y que «tenga sentido del humor».

Sin embargo, lo que más ha impactado de su despedida es su transparencia material. El cardenal ha revelado el contenido de su testamento, redactado desde sus tiempos de simple sacerdote y que ha renovado varias veces. Tras 52 años de servicio, Sako declara que no posee ni casa ni coche.

Sus ahorros –«unos cuarenta millones de dinares iraquíes, cinco mil dólares estadounidenses y cinco mil euros»–procedentes de sus salarios «de 52 años de servicio sacerdotal, además de lo obtenido por la venta de la casa familiar en Mosul» son su sustento material. Pero para el purpurado, su verdadera herencia no está en el banco, sino en sus 45 libros publicados y en una vida de «servicio devoto» a una fe que ha custodiado entre las ruinas de la guerra.