Madre Belén solía decir: «Vivir de Dios, amando con locura lo más intensamente que un alma puede amar»
El Vaticano reconoce las virtudes heroicas de la sevillana Madre Belén
Tras la audiencia con el cardenal Marcello Semeraro, el Santo Padre ha autorizado la promulgación de nuevos decretos que acercan a los altares a seis siervos de Dios
El Papa León XIV ha recibido en audiencia al Prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, el cardenal Marcello Semeraro, autorizando la promulgación de decretos que reconocen las virtudes heroicas y el ofrecimiento de la vida de varios modelos de fe que, desde hoy, son ya oficialmente Venerables.
Entre las causas aprobadas destaca el ofrecimiento de la vida del cardenal Ludovico Altieri, obispo de Albano, fallecido en 1867 tras entregarse al cuidado de los enfermos durante una epidemia. Asimismo, la Iglesia reconoce la huella de santidad del padre Edoardo Giuseppe Flanagan, fundador de la célebre «Ciudad de los Muchachos» en Estados Unidos, y del padre Enrico Caffarel, cuya labor al frente de los Equipos de Nuestra Señora–del francés Equipes Notre-Dame– transformó la espiritualidad de miles de matrimonios en todo el mundo. A ellos se unen la religiosa polaca Stanislava Samulowska y el laico italiano Giuseppe Castagnetti, padre de familia.
Madre Belén: una vida entregada al Corazón de Dios
Sin embargo, para los fieles españoles, la noticia cobra una luz especial con el reconocimiento de las virtudes heroicas de Maria Dolores Romero Algarín, conocida en la vida religiosa como Madre Belén.
Nacida en de Sevilla en 1916, la vida de María Dolores se vio marcada desde muy temprano por el misterio del dolor: perdió a su madre con apenas dos años y a su padre, un conocido notario, a los once. Esa temprana orfandad, lejos de sumirla en el desaliento, configuró en ella una personalidad profundamente contemplativa y sensible ante el sufrimiento ajeno.
A los 21 años decidió entrar en la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón, fundada por el beato Marcelo Spínola. Fue en los barrios más humildes de Linares donde su vocación empezó a dar sus primeros frutos, volcándose con los más abandonados.
Pero el horizonte de Madre Belén era el mundo. En 1953, partió hacia la misión de Dianópolis, en el remoto interior de Brasil. Allí permaneció quince años, viviendo una entrega marcada por la catequesis y el servicio incansable a los pobres. Su regreso a España en 1968, para asumir responsabilidades en el Consejo General de su congregación, no disminuyó su ardor apostólico.
Sus últimos años en Sanlúcar la Mayor fueron el broche de oro a una existencia entregada. Al serle diagnosticado un cáncer de pulmón a principios de 1977, Madre Belén abrazó la enfermedad con la misma generosidad y alegría que habían caracterizado toda su vida. Falleció el 12 de noviembre de ese mismo año, dejando tras de sí un aroma de santidad que hoy, décadas después, la Santa Sede ha querido confirmar oficialmente para alegría de la Iglesia en España.