León XIV saluda a los fieles desde dentro del 'papamovil'
¿Qué es la «geoteología»? El 'plan maestro' de León XIV para salvar a una Europa que ya no es cristiana
El análisis del experto Giulio Albanese revela que las visitas del Pontífice a lugares de Italia como Acerra, Lampedusa o Pavía no son meras escalas pastorales, sino una hoja de ruta para despertar a una Iglesia europea en crisis sistémica
El Papa León ha decidido 'ponerse en marcha'. Tras un primer año de pontificado marcado por una aparente quietud, las próximas visitas del Santo Padre por la geografía italiana dibujan un mapa de las «heridas» y desafíos de la sociedad actual. Según el análisis del sacerdote y periodista Giulio Albanese en un desayuno informativo en Roma, no estamos ante una agenda burocrática, sino ante una verdadera «geoteología»: un discernimiento de los signos de los tiempos a la luz del Evangelio para responder a la complejidad internacional.
El fin de la «civilización cristiana»
El punto de partida de este análisis es crudo: la antigua Europa ya no es una «civilización cristiana». En particular, Albanese advierte de que la Iglesia italiana vive un estado de «sufrimiento» marcado por un descenso drástico de las vocaciones —de 24.000 misioneros en 1990 a apenas 4.000 hoy— y una crisis en los seminarios que obliga a muchas diócesis a depender de sacerdotes extranjeros.
Ante esta realidad, el Papa busca transformar la pastoral tradicional de «mantenimiento» en una Iglesia en estado de misión. El objetivo es superar la dicotomía entre lo que se celebra en la iglesia y lo que sucede en la «ágora» o plaza pública. Esta visión impulsa un «descentramiento narrativo» que obliga a abandonar la autorreferencialidad y el miedo al encuentro con el mundo, superando la inercia de una burocracia eclesial que a menudo avanza con lentitud frente a una realidad que cambia a la velocidad de la luz.
En el corazón de esta estrategia se halla lo que este sacerdote llama la «geoteología» de León XIV: una forma de discernimiento que lee los signos de los tiempos en el complejo escenario internacional bajo la luz de la Palabra de Dios. De este modo, el Papa no actúa como un mero líder religioso, sino como un 'estadista' que defiende el bien común de los pueblos a través de un «soft power»–la capacidad de influir en otros sin usar la fuerza, la presión militar o la coerción económica–, denunciando la crisis del multilateralismo y las consecuencias humanas de las tensiones geopolíticas.
«Si lo pensamos bien —afirma—, la Doctrina Social de la Iglesia representa la esencia misma del Evangelio, ya que tiene que ver con el respeto, el afecto y el amor hacia todo tipo de alteridad, incluso hacia los enemigos. Estos son los rasgos distintivos del Evangelio y, por desgracia, a menudo la Doctrina Social de la Iglesia no se valora como debería, lo que puede generar desinterés hacia la cosa pública, el bien común y el bien compartido. Me gustaría recordar un viejo dicho de Pablo VI, cuando habló de improviso citando a uno de sus predecesores, Pío XI, y dijo que la política es la forma más elevada de caridad después de la oración».
En este sentido, la Doctrina Social de la Iglesia buscaría discernir las situaciones históricas desde el Evangelio para orientar la acción en favor de la dignidad humana, el bien común y la justicia social. Así, la «geoteología» puede entenderse como una actualización pastoral de esa tradición, donde el territorio no es solo escenario, sino también lugar teológico desde se disciernen los desafíos del mundo contemporáneo.
¿Hacia dónde va el Papa?
La selección de los destinos del Papa revela sus prioridades, huyendo de las grandes ciudades turísticas para centrarse en territorios que sufren. Uno de los viajes más significativos será el del 23 de mayo a Acerra, la llamada «Tierra de los Fuegos», una región marcada durante años por los vertidos tóxicos y la actividad de la Camorra. Con esta visita, León XIV pone el foco en la defensa de la «casa común» y en la denuncia de una ilegalidad que toca especialmente a las familias más humildes.
También destaca la visita prevista a Pavía el próximo 20 de junio. Como Papa agustiniano, el Santo Padre acudirá a venerar las reliquias de San Agustín. Según Albanese, se trata de una peregrinación a las raíces intelectuales y pastorales del Pontífice, que busca la intercesión del Doctor de la Iglesia en un contexto internacional marcado por la incertidumbre.
Otra de las etapas más llamativas será Lampedusa. El 4 de julio, coincidiendo con la fiesta nacional de Estados Unidos, el Papa —de origen estadounidense— viajará a esta pequeña isla del Mediterráneo convertida en símbolo de las migraciones contemporáneas. Albanese interpreta esta decisión como un gesto «profético» y claramente contracorriente, insistiendo en que el fenómeno migratorio debe abordarse como una cuestión sistémica y no únicamente como una emergencia puntual.
Finalmente, el Pontífice viajará a Asís el 6 de agosto, en el marco del centenario franciscano. Allí volverá a situar la paz en el centro de su discurso. Albanese sostiene que este llamamiento constante se ha convertido en un auténtico «martillo neumático» del pontificado de León, decidido a recordar al mundo que no puede acostumbrarse a la guerra. El cierre del verano tendrá su epicentro en Rímini el 22 de agosto, una cita que Albanese considera fundamental para tomar el «pulso de la situación» tanto eclesial como política, ya que se trata de un gran encuentro que reúne a intelectuales, políticos, artistas y representantes de distintas religiones para debatir sobre fe, sociedad y actualidad.
El análisis de Giulio Albanese concluyó con la idea de que el desafío no es solo del Papa, sino de las comunidades locales, que a menudo se muestran «autorreferenciales» o con miedo al mundo. El éxito de estos viajes dependerá de si la Iglesia italiana es capaz de aceptar que ya no es una mayoría aritmética, sino que debe actuar como levadura y sal: menos cantidad, pero más 'calidad evangélica'.