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Christopher Olah, cofundador de la empresa estadounidense de inteligencia artificial (IA) Anthropic, estrecha la mano de León XIV antes de la presentación de la primera carta encíclica «Magnifica Humanitas»AFP

León XIV marca el rumbo ético de la era digital con su primera encíclica: «Debemos educarnos en el ayuno de la IA»

El Pontífice publica Magnifica Humanitas, su primer 'gran documento' donde llama a proteger la dignidad humana frente al poder de la Inteligencia Artificial

coincidiendo con el 135.º aniversario de la histórica Rerum novarum de León XIII, el Papa León XIV presenta hoy su primera encíclica: Magnifica humanitas. El documento, firmado el pasado 15 de mayo, no es solo un texto magisterial, sino una hoja de ruta para una humanidad que navega entre el asombro y el temor ante la revolución de la Inteligencia Artificial (IA). Desde sus primeras líneas, el Papa Prevost sitúa al lector ante una encrucijada antropológica: «La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos».

Entre la «torre de Babel» y la ciudad de Dios

La referencia a la «torre de Babel» remite al relato bíblico del Génesis, donde la humanidad pretende construir una torre que alcance el cielo para afirmarse por sí misma, prescindiendo de Dios. En la interpretación que sugiere el Pontífice, Babel simboliza una sociedad fascinada por su propio poder técnico, convencida de que puede reorganizar la vida humana únicamente mediante la ciencia, los datos y la eficiencia.

«El resultado no es la unidad, sino la dispersión. Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios», escribe el Pontífice.

Frente a ello, León XIV propone «edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». La expresión evoca el relato del libro de Libro de Nehemías, donde Nehemías, un judío al servicio del rey persa, lidera la reconstrucción de las murallas de Jerusalén tras el exilio en Babilonia. Con ello, el Papa alude a una sociedad edificada sobre la dignidad de la persona, la verdad, la justicia y el bien común.

«Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras. La antigua Jerusalén recupera así un lenguaje común, no el de la uniformidad, sino el de la comunión: la armonía que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor».

Una nueva justicia social: del trabajo al «ayuno digital»

A lo largo de cinco capítulos y 110 páginas, León XIV despoja a la técnica de su supuesta objetividad. Para el Santo Padre, la tecnología «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». El texto advierte contra un «paradigma tecnocrático» donde la eficiencia y el beneficio dictan las reglas, olvidando que la IA puede simular al hombre, pero carece de conciencia moral, empatía o alma.

Por eso el Pontífice es claro al defender que la dignidad humana es el límite infranqueable del progreso: «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Por ello, denuncia que reducir al ser humano a un simple recurso explotable o a un conjunto de datos es una regresión del corazón.

La encíclica actualiza los principios de la Doctrina Social de la Iglesia para el siglo XXI. León XIV reclama que el conocimiento no se concentre en manos de unos pocos y pide un código ético compartido, advirtiendo que «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107).

En el ámbito laboral, el Papa defiende sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, rechazando que la automatización se traduzca en desempleo para maximizar beneficios. Sorprende además su llamamiento a una «alianza educativa» para que los jóvenes no pierdan la capacidad de pensar por sí mismos: «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), llega a afirmar el Pontífice.

La civilización del amor

Uno de los pasajes más contundentes de Magnifica humanitas es el dedicado a los conflictos contemporáneos. León XIV advierte de que la revolución digital está transformando profundamente la «gramática de la guerra», hasta convertir el recurso a la fuerza en una decisión cada vez más rápida, distante e impersonal. El Pontífice observa con preocupación cómo la tecnología amenaza con diluir la percepción humana del sufrimiento y de la responsabilidad moral. Especialmente firme se muestra el Papa frente al desarrollo de armas autónomas y sistemas militares guiados por Inteligencia Artificial: «No existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable» (198), afirma.

Pero la encíclica denuncia que las guerras actuales ya no se libran solo en el campo de batalla, sino también en los ámbitos económico, financiero e informático, mediante la desinformación y el miedo. León XIV critica que el aumento del gasto militar se presente como la «única respuesta» ante la incertidumbre, calificando esta lógica de «falso realismo» y de una realpolitik que normaliza la guerra y convierte la paz en una utopía. El Pontífice advierte además de que algunos gobiernos podrían utilizar los conflictos como instrumento de «gestión cínica» para ocultar sus problemas internos.

Frente a las nuevas formas de esclavitud —como la explotación de trabajadores con «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) en la extracción de materiales necesarios para la industria tecnológica— y al «colonialismo digital» que se apropia de los datos personales, León XIV propone edificar la «civilización del amor». El Papa no pide rechazar la técnica, sino habitarla desde el Evangelio para que, incluso en la era de los algoritmos, el mundo pueda reconocer en el ser humano el lugar donde Dios desea habitar y dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».