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León XIV, en una imagen de archivo

León XIV, en una imagen de archivoAFP

El Papa alerta sobre el riesgo de «delegar en los algoritmos decisiones de la conciencia humana»

En su Audiencia General, el Pontífice reivindica el legado de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II para urgir a defender la dignidad humana frente al individualismo y la deshumanización tecnológica

Durante la Audiencia General celebrada este miércoles en la Ciudad del Vaticano, el Santo Padre ha reflexionado sobre la comunidad humana tomando como guía el segundo capítulo de la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En su alocución, ha advertido sobre las sombras del desarrollo tecnológico actual, señalando que, aunque la difusión de las redes sociales y la inteligencia artificial abren nuevas posibilidades y derriban distancias, existe el riesgo latente de que las relaciones humanas se vuelvan cada vez más virtuales y menos personales.

En este contexto, el Papa ha afirmado que se corre el «riesgo de acostumbrar a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana». Ante esta deriva, ha subrayado que la contribución esencial de la comunidad cristiana consiste en lograr que «las relaciones sociales tengan sustancia real y profundidad personal».

La persona humana, centro de las instituciones

Recordando las enseñanzas conciliares, el Pontífice ha hecho hincapié en que el perfeccionamiento individual y el desarrollo social están íntimamente ligados y no pueden separarse. «El principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social», ha remarcado citando el documento vaticano.

Asimismo, ha incidido en que la diversidad entre personas y pueblos no debe percibirse como un peligro o una amenaza, sino como una «potencialidad de enriquecimiento y de crecimiento». Por ello, ha pedido superar la oposición y la violencia —fruto del pecado— para abrazar «la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado».

Defensa firme de la vida y condena de toda discriminación

Al abordar la noción de bien común, definida como el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas y asociaciones alcanzar su propia perfección, el Santo Padre ha repasado las consecuencias prácticas de máxima urgencia trazadas por el Concilio. En primer término, ha recordado la firme condena de todo aquello que atenta contra la vida y la integridad personal.

Citando de forma textual el texto conciliar, ha enumerado las prácticas que resultan «en sí mismas infamantes», entre las que se incluyen «cuanto atenta contra la vida, homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado», las torturas, las condiciones infrahumanas de vida y las condiciones laborales degradantes que reducen al trabajador al rango de «mero instrumento de lucro».

De igual modo, ha pedido el respeto y amor hacia quienes piensan de forma diferente, recordando que «toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino».

Para finalizar, el Pontífice ha exhortado a abandonar la mentalidad individualista y asumir una actitud de responsabilidad y participación activa en la construcción del bien común. «Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos a construir un mundo más humano», ha concluido, destacando que la visión de la humanidad como comunidad de personas es un legado valioso para evaluar con responsabilidad los proyectos políticos y sociales de hoy.

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