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«El trabajo no puede ser en detrimento del hombre»: el rotundo alegato del Papa contra la explotación laboral

Durante la Audiencia General, el Pontífice recordó que la economía debe estar al servicio del hombre y advirtió que la guerra representa «una claudicación vergonzosa» de la humanidad

Durante la Audiencia General de este miércoles, el Papa recordó que la dimensión social forma parte integrante de la fe cristiana y ofreció criterios de discernimiento para la vida económica y política fundamentándose en los capítulos III y IV de la constitución conciliar Gaudium et spes. El Santo Padre subrayó que la vertiente social constituye un elemento integrante y valioso derivado de la propia Encarnación del Hijo de Dios, ofreciendo criterios clave para el discernimiento en la sociedad actual.

Reforma de mentalidad y desarrollo al servicio de la persona

El Pontífice alertó sobre los desequilibrios económicos y la falta de respeto hacia la creación, señalando que el mero desarrollo técnico resulta insuficiente para corregir el rumbo de la sociedad. En este sentido, recalcó que «son necesarias muchas reformas en la vida económico-social y un cambio de mentalidad y de costumbres en todos».

Asimismo, insistió en la necesidad de situar la economía bajo el control directo de la persona para promover un desarrollo integral, haciendo un firme llamado a eliminar cualquier forma de discriminación hacia los migrantes y los sectores más vulnerables. «El trabajo nunca puede ser tergiversado en detrimento de las personas, del bien común o de la creación», aseveró el Papa.

Dignidad del trabajo y destino universal de los bienes

Al reflexionar sobre la actividad económica, situó el trabajo en el centro del desarrollo humano, definiéndolo como el cauce por el cual la persona expresa su talento, sostiene a su familia y colabora en la obra creadora de Dios. Por ello, tachó de «inaceptables» la desocupación, la explotación y las condiciones laborales que pongan en riesgo la salud o la vida de los trabajadores.

En el plano financiero, recordó el principio del destino universal de los bienes de la tierra y exhortó a los actores públicos y privados a velar por una gestión justa. En palabras del Santo Padre, «los responsables de las inversiones y de la organización de la vida económica, tanto los particulares como los grupos o las autoridades públicas, deben […] vigilar, por una parte, a fin de que se provea de lo necesario para una vida decente».

La política como servicio al bien común y rechazo radical de la guerra

En relación con la comunidad política, el Papa recordó que la autoridad debe ejercerse en función del bien común, entendido como «el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección». Igualmente, reafirmó la autonomía mutua entre la Iglesia y la comunidad política, destacando que «la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno», aunque llamadas a cooperar eficazmente en favor de la sociedad.

Para finalizar, el Pontífice enfatizó que el compromiso en la economía y la política según estos principios es una vía fundamental para la edificación de la paz. Evocando la encíclica Fratelli tutti, aseveró que «la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal». Ante ello, animó a los jóvenes a ser testimonio vivo en estos campos y pidió a las comunidades cristianas impulsar de nuevo la formación en la Doctrina Social de la Iglesia.