Un nuevo análisis genético predice el riesgo de obesidad adulta desde la infancia
El equipo responsable del estudio subraya que incluso variaciones genéticas mínimas pueden tener un impacto relevante en la salud al actuar de forma conjunta
Una investigación internacional encabezada por las universidades de Copenhague (Dinamarca) y Brístol (Reino Unido) ha demostrado que el análisis genético en edades tempranas puede ser clave para anticipar y prevenir la obesidad en la edad adulta, ya que permite identificar desde la infancia a quienes presentan un mayor riesgo de desarrollarla.
El estudio, basado en datos genéticos de más de cinco millones de individuos, ha permitido a los científicos desarrollar una herramienta denominada puntuación de riesgo poligénico (PGS, por sus siglas en inglés), la cual ofrece una evaluación fiable del riesgo de obesidad en adultos y presenta patrones consistentes ya desde la primera infancia.
Según sus autores, los resultados del estudio podrían facilitar la detección precoz de menores con una predisposición genética elevada a sufrir obesidad. De este modo, sería posible aplicar estrategias preventivas específicas –como cambios en la dieta o en los hábitos de vida– en una fase temprana, antes de que otros factores externos influyan significativamente en el peso corporal.
«Lo que hace que la puntuación sea tan eficaz es la consistencia de las asociaciones entre la puntuación genética y el índice de masa corporal antes de los cinco años y hasta la edad adulta, un momento que comienza mucho antes de que otros factores de riesgo comiencen a influir en el peso en etapas posteriores de la infancia. Intervenir en este punto podría, en teoría, tener un gran impacto», explicó Roelof Smit, profesor adjunto en la Universidad de Copenhague y principal autor de la investigación publicada en la revista Nature Medicine.
El equipo responsable del estudio subraya que incluso variaciones genéticas mínimas pueden tener un impacto relevante en la salud al actuar de forma conjunta. Se han identificado miles de variantes genéticas vinculadas al aumento del riesgo de obesidad, muchas de las cuales afectan a mecanismos neurológicos relacionados con el apetito. La PGS actúa como una especie de calculadora que suma el efecto de esas variantes y genera una puntuación general de riesgo. En esta investigación, la PGS logró explicar hasta el 17 % de la variación en el índice de masa corporal, una cifra notablemente superior a la alcanzada en estudios previos.
Para desarrollar esta herramienta, los investigadores recurrieron al conjunto de datos genéticos más extenso y diverso hasta la fecha, incluyendo información del consorcio GIANT (Investigación Genética de Rasgos Antropométricos) y la empresa 23andMe, dedicada al análisis genético para consumidores.
A continuación, se evaluó la eficacia predictiva de la PGS mediante datos físicos y genéticos de más de 500.000 personas, incluyendo registros longitudinales de índice de masa corporal del estudio Niños de los 90. Los resultados mostraron que esta nueva puntuación duplicaba en eficacia al mejor método previo de predicción del riesgo de obesidad.
«La obesidad es un importante problema de salud pública, y muchos factores contribuyen a su desarrollo, entre ellos la genética, el medio ambiente, el estilo de vida y el comportamiento. Estos factores probablemente varíen a lo largo de la vida de una persona, y creemos que algunos de ellos se originan en la infancia», afirmó Kaitlin Wade, profesora asociada de Epidemiología en la Universidad de Brístol y segunda autora del estudio.
El trabajo también ha explorado cómo influyen las predisposiciones genéticas en la respuesta a intervenciones enfocadas en la pérdida de peso, como programas de ejercicio o cambios en la alimentación. Se observó que quienes presentaban una puntuación genética más alta respondían de manera más favorable a estas intervenciones, aunque también tendían a recuperar peso con mayor rapidez una vez finalizadas.
No obstante, los autores advierten que, pese a su amplia base genética, la PGS actual tiene limitaciones. En particular, su precisión se reduce en personas con ascendencia africana en comparación con aquellas de ascendencia europea. Este hecho pone de relieve la necesidad de realizar más estudios que incluyan poblaciones genéticamente más diversas para garantizar una aplicabilidad más equitativa.