Woman smelling half orange at home

Los aromas cítricos nos hacen sentir mejorGetty Images

La ciencia lo confirma, los aromas cítricos regulan el estado de ánimo

Sensores inteligentes rastrean el poder emocional del aroma

Los aromas de los alimentos, más allá de su función sensorial, pueden desempeñar un papel relevante en la regulación emocional. Así lo sugiere un estudio reciente que analiza el impacto de los aceites esenciales cítricos en el estado de ánimo, identificando mecanismos fisiológicos y neuronales asociados a su inhalación.

La investigación, publicada en enero en la revista Food Quality and Safety, demuestra que ciertos compuestos aromáticos presentes en cítricos no solo generan sensaciones placenteras, sino que también inducen respuestas medibles en el organismo. En concreto, la exposición a estos aromas favorece la actividad del sistema nervioso autónomo vinculada a la relajación, mejora patrones cerebrales relacionados con emociones positivas y reduce indicadores de estrés.

El interés por los llamados «alimentos que mejoran el estado de ánimo» ha crecido en los últimos años, impulsando el desarrollo de estrategias que integran nutrición y bienestar emocional. Sin embargo, hasta ahora, gran parte de la evidencia sobre los efectos de los aromas cítricos procedía de estudios en animales o de valoraciones subjetivas, lo que limitaba su aplicación práctica.

Con el objetivo de superar estas limitaciones, un equipo de investigadores de la Universidad de Zhejiang ha aplicado un enfoque multidisciplinar que combina tecnologías de monitorización sensorial —como la electroencefalografía y el análisis del sistema nervioso autónomo— con técnicas avanzadas de flavorómica.

Cuatro cítricos

El estudio analizó la respuesta emocional de los participantes tras la inhalación de aceites esenciales de cuatro cítricos: naranja navel, naranja sanguina, huyou y pomelo. Frente a un olor desagradable utilizado como control, los aromas cítricos generaron signos claros de relajación, con una disminución de la conductancia cutánea y cambios en la variabilidad de la frecuencia cardíaca asociados a una mayor actividad parasimpática.

A nivel cerebral, los registros mostraron un aumento en la potencia de las ondas alfa y delta en áreas vinculadas a la regulación emocional, como las regiones frontal y parieto-occipital. Además, algunos aceites —en particular los de naranja navel, naranja sanguina y pomelo— evidenciaron un mayor impacto positivo, reflejando diferencias en su composición química.

El análisis identificó más de sesenta compuestos aromáticos, aunque solo un grupo reducido mostró una correlación consistente con mejoras emocionales. Entre ellos destacan el d-limoneno, el linalol, el α-terpineol y el geranial, asociados a una reducción del estrés y a un incremento de marcadores neuronales de bienestar.

«Las respuestas emocionales a los aromas suelen ser subconscientes y difíciles de medir. Este enfoque permite observar de forma objetiva cómo interactúan con el sistema nervioso y el cerebro», explica el autor principal del estudio.

Los resultados abren la puerta al desarrollo de alimentos funcionales, bebidas y productos de consumo diseñados para favorecer el equilibrio emocional. Asimismo, apuntan a posibles aplicaciones en entornos cotidianos mediante el uso de aromas que contribuyan a la relajación.

En conjunto, la investigación aporta una base científica para comprender cómo los estímulos olfativos pueden influir en la salud mental y plantea nuevas vías para el desarrollo de estrategias de «nutrición emocional» basadas en la química de los aromas.

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