Dormir mal no afecta igual al cerebro a todas las edadesGetty Images

Sueño

Dormir mal no afecta igual al cerebro a los 25 que a los 65 años, según un estudio

Las dificultades para dormir no repercuten de la misma manera en el cerebro a lo largo de la vida. Un estudio reciente, en el que han participado investigadores de Psicología de la Universidad de Binghamton (Universidad Estatal de Nueva York), revela que la falta de sueño altera la comunicación entre distintas redes cerebrales de forma diferente según la edad y el sexo biológico.

La investigación, publicada en la revista Neurobiology of Aging, analizó escáneres cerebrales de más de 1.300 personas para estudiar cómo la mala calidad del sueño modifica la conectividad de las redes cerebrales cuando el cerebro está en reposo.

Los resultados muestran que, mientras los adultos jóvenes presentan un patrón de hiperactividad en áreas relacionadas con el movimiento, los adultos mayores experimentan cambios en regiones implicadas en funciones cognitivas como la memoria y la atención.

«Descubrimos que el cerebro de las personas mayores que duermen mal parece sufrir un fallo general en sus sistemas de regulación del sueño», explica Ian McDonough, profesor asociado de Psicología de la Universidad de Binghamton y uno de los autores del estudio.

Jóvenes con un cerebro «activo»

En los adultos en edad universitaria, la mala calidad del sueño se asoció con una mayor conectividad en regiones cerebrales relacionadas con el movimiento. Según los investigadores, este patrón sugiere que el organismo permanece excesivamente activado físicamente cuando llega el momento de descansar.

Por el contrario, en las personas mayores de 65 años esas mismas regiones mostraban una menor conectividad, mientras aumentaba la comunicación entre áreas vinculadas a procesos cognitivos.

Mujeres vs hombres

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio afecta a las mujeres de mayor edad con problemas de sueño. En este grupo, los investigadores detectaron una hiperconectividad anormal entre la Red Neuronal por Defecto (DMN, por sus siglas en inglés), relacionada con la memoria y los pensamientos internos, y la Red Frontoparietal (FPN), encargada de funciones como la atención sostenida y la memoria de trabajo.

Este patrón se asoció a un peor rendimiento en las pruebas de memoria y coincide con alteraciones observadas en fases muy tempranas y silenciosas de la enfermedad de Alzheimer.

No obstante, los autores insisten en que estos resultados no significan que dormir mal provoque Alzheimer, sino que reflejan una asociación que deberá seguir investigándose.

¿Qué ocurre primero?

Los investigadores reconocen que todavía no pueden responder a una de las grandes preguntas: si las alteraciones en la conectividad cerebral provocan los trastornos del sueño o si, por el contrario, es la falta de descanso la que acaba modificando el funcionamiento del cerebro.

Entre las posibles explicaciones figura la rumiación mental, es decir, la presencia de pensamientos repetitivos y acelerados antes de acostarse.

«Una posibilidad muy probable es que las personas que tienen muchos pensamientos acelerados justo antes de acostarse no estén en un estado de calma, sino más bien en un estado de agitación», señala McDonough.

El investigador recuerda además que la depresión mantiene una relación compleja con el deterioro cognitivo. Mientras algunos estudios apuntan a que podría aumentar el riesgo de demencia, otros muestran que el rendimiento cognitivo mejora cuando la depresión recibe tratamiento.

Dormir bien protege el cerebro

Aunque quedan muchas incógnitas por resolver, los autores destacan que cada vez existen más evidencias de que la conectividad entre determinadas redes neuronales puede convertirse en un marcador temprano de la salud cerebral.

Por ello, insisten en la importancia de cuidar el descanso desde edades tempranas. En el caso de los adultos jóvenes, recomiendan estrategias destinadas a reducir la activación antes de dormir, como escribir un diario o realizar técnicas de relajación. Para los adultos mayores, consideran que los mecanismos implicados parecen ser diferentes, por lo que aconsejan consultar con un profesional sanitario cuando los problemas de sueño sean persistentes.

«Si los cambios en la conectividad preceden a la falta de sueño, entonces fortalecer las redes cerebrales podría ser una solución», concluye McDonough.