El 11 de abril se celebra el Día Mundial del Parkinson
Día Mundial del Parkinson Las primeras señales de la enfermedad de Parkinson: qué es cierto y qué no
El 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Parkinson, una enfermedad que ya se sitúa como la segunda patología neurodegenerativa más frecuente y la que mayor crecimiento está registrando en términos de prevalencia, discapacidad y mortalidad. Actualmente, más de 12 millones de personas conviven en el mundo con esta enfermedad, una cifra que podría alcanzar los 25,2 millones en 2050, lo que supondría un incremento superior al 110 %.
En España, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de 200.000 personas padecen párkinson y cada año se diagnostican cerca de 10.000 nuevos casos. A pesar de estas cifras, aún son muchas las ideas erróneas sobre sus causas, síntomas y tratamientos. Expertos del Hospital Universitario de Bellvitge aclaran los cinco principales mitos sobre la enfermedad.
1- Mito: Es una enfermedad exclusivamente ligada al envejecimiento
El párkinson, comúnmente asociado a personas de edad avanzada, puede aparecer en cualquier etapa de la vida, incluidos adultos jóvenes. De hecho, entre un 5 % y un 10 % de los casos se diagnostican antes de los 50 años, en lo que se conoce como párkinson de inicio temprano. La edad media de debut es alrededor de los 60 años, con ligero predominio en varones.
2- Mito: Es una enfermedad del movimiento
Aunque el temblor en las manos suele ser el síntoma más visible en estas fases iniciales, en personas jóvenes es frecuente que este signo responda a un temblor esencial, una alteración sin relación con la enfermedad de Parkinson y que, además, presenta un buen control con el tratamiento adecuado. Por ello, los especialistas insisten en la importancia de una valoración clínica para diferenciar ambos cuadros.
Más allá de los síntomas motores característicos —como temblores, rigidez o dificultad para caminar—, la enfermedad también puede afectar a otros sistemas del organismo. Entre las manifestaciones no motoras destacan los trastornos del sueño, los problemas cognitivos, los cambios emocionales y las alteraciones gastrointestinales, todos ellos vinculados a una disfunción en la producción y regulación de la dopamina en determinadas áreas del cerebro.
3- Mito: es inevitablemente degenerativa
A pesar de su carácter progresivo, la evolución del párkinson no es uniforme. Mientras que en algunos casos los síntomas avanzan con rapidez, en otros la progresión es lenta, lo que permite mantener una buena calidad de vida durante años con el tratamiento adecuado.
4- Mito: es siempre hereditaria
En cuanto a su origen, aunque existe un componente genético en determinados casos, la mayoría no son hereditarios. Existen mutaciones genéticas asociadas a la enfermedad que podrían explicar un 30 % de las formas familiares y hasta un 5 % de las formas esporádicas. Sin embargo, aunque cada vez se identifican más variantes genéticas asociadas al Parkinson, menos del 10 % de los casos son claramente hereditarios. No obstante, los expertos no descartan la influencia de factores ambientales aún no identificados.
5- Mito: solo afecta al cerebro
Asimismo, aunque el origen del párkinson se encuentra en el cerebro, sus efectos pueden extenderse a todo el organismo. El sistema nervioso autónomo puede verse afectado, lo que explica síntomas como el estreñimiento, frecuente en estos pacientes. De hecho, algunas investigaciones apuntan a que, en ciertos casos, la enfermedad podría iniciar su desarrollo en el sistema nervioso entérico del tracto digestivo antes de manifestarse a nivel cerebral.
Señales de alerta
Antes de que los síntomas motores sean evidentes, pueden surgir manifestaciones no motoras que actúan como señales de alerta. Entre ellas destacan la pérdida progresiva del olfato, especialmente para identificar olores cotidianos; alteraciones del sueño, como movimientos bruscos o gesticulación durante la fase REM; cambios en la escritura, que se vuelve más pequeña o menos legible; o modificaciones en la forma de caminar, como la disminución del balanceo natural de los brazos.
También pueden aparecer rigidez o sensación de tensión muscular en una extremidad de forma persistente, dificultando acciones cotidianas.
«La clave está en no normalizar ciertos cambios cuando afectan a la vida diaria o aparecen de forma progresiva», añade Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.
Cómo ralentizar la enfermedad
Además de la detección temprana, la adopción de hábitos saludables puede contribuir a retrasar la progresión del párkinson. Entre ellos, los expertos recomiendan caminar a paso ligero entre 30 y 45 minutos diarios para mejorar la coordinación y el equilibrio, así como llevar a cabo ejercicios de fuerza con supervisión para mantener la masa muscular.
Asimismo, actividades centradas en la coordinación y el equilibrio, como el tai chi, ayudan a reducir el riesgo de caídas en fases iniciales. A nivel cognitivo, ejercicios como sudokus, crucigramas o el aprendizaje de un idioma favorecen la memoria y la agilidad mental.
Por último, mantener una rutina de sueño estable es fundamental. «Acostarse y levantarse a la misma hora y eludir el uso de pantallas antes de dormir son hábitos que mejoran notablemente el descanso», concluye Piqueras.
Avances en el tratamiento
La investigación científica se orienta ahora hacia el desarrollo de terapias capaces de modificar el curso de la enfermedad, entre ellas la terapia génica, la inmunoterapia y las terapias celulares.
El Dr. Álvaro Sánchez Ferro, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la SEN explica: «Ahora mismo hay un ensayo fase 3 con un fármaco que elimina una de las proteínas que se acumulan en la enfermedad de Parkinson y Japón ha autorizado de forma condicional (no es una autorización definitiva) el primer tratamiento basado en células madre. Aunque todavía es necesario confirmar la eficacia, durabilidad del efecto y el perfil de seguridad de estas estrategias, reflejan que estamos ante un cambio significativo en el abordaje terapéutico del Parkinson, al permitir ir a los mecanismos que producen la enfermedad en lugar de limitarse al control sintomático», concluye.