Concepto de red neuronal

Un estudio relaciona una pequeña molécula con trastornos neurológicos tras un infartoGetty Images / Imaginima

Sufrir un infarto puede modificar drásticamente el funcionamiento del cerebro

Un estudio relaciona una pequeña molécula con trastornos neurológicos tras un infarto

Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Ottawa (Canadá) aporta nuevas evidencias sobre la relación entre el corazón y el cerebro al demostrar cómo un infarto puede alterar la función cerebral y favorecer la aparición de trastornos neurológicos, como depresión, ansiedad y deterioro cognitivo.

La investigación profundiza en el denominado «eje corazón-cerebro», una línea de estudio que plantea que las alteraciones neurológicas posteriores a un infarto podrían estar vinculadas a cambios moleculares desencadenados por el daño cardíaco. En este contexto, el trabajo identifica al metilglioxal (MG), una molécula tóxica producida por el organismo, como un posible actor clave en este proceso.

Tras un infarto, el organismo entra en un estado de estrés caracterizado por la disminución del oxígeno, el aumento de la inflamación y alteraciones metabólicas. Según los investigadores, estas condiciones elevan los niveles de metilglioxal en la sangre y favorecen su acumulación en áreas del cerebro relacionadas con el estado de ánimo y la cognición.

Los autores recuerdan que la incidencia de depresión y ansiedad en personas que han sufrido un infarto puede ser hasta tres veces superior a la de la población general. Además, los pacientes con estos trastornos presentan hasta 2,7 veces más riesgo de sufrir un nuevo evento cardíaco o fallecer.

El estudio, publicado en la revista Advanced Sciences, podría abrir nuevas vías terapéuticas para mejorar la recuperación y el pronóstico a largo plazo de millones de pacientes.

El Dr. Erik Suuronen, catedrático del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de Ottawa, explica: «El metilglioxal ha sido ampliamente estudiado por su papel en enfermedades metabólicas, incluida la diabetes, pero se sabe mucho menos sobre su función en otras enfermedades. En un estudio anterior, descubrimos que el metilglioxal era producido por el tejido cardíaco moribundo después de un ataque cardíaco (…) basándonos en esta evidencia, predijimos que el metilglioxal en la sangre afectaría a otros órganos y tejidos, incluido el cerebro, y esto es precisamente lo que observamos», afirma el autor principal del estudio.

Los hallazgos también plantean interrogantes sobre el vínculo entre los infartos y las enfermedades neurodegenerativas, ya que la inflamación crónica y el daño celular cerebral están asociados al desarrollo de patologías como la demencia.

Los investigadores han desarrollado un péptido terapéutico diseñado para atrapar esta molécula e impedir que dañe las células

Tras identificar el metilglioxal como posible objetivo terapéutico, el equipo ya trabaja en nuevas estrategias de tratamiento.

«Esta terapia se probará pronto para comprobar si puede proteger el cerebro del daño tras un infarto», señala el Dr. Suuronen, quien considera que, si demuestra eficacia, el tratamiento podría no solo preservar la función cerebral, sino también reducir el riesgo de futuros eventos cardíacos.

«Dado el mayor riesgo de sufrir infartos posteriores o la muerte en pacientes que han sufrido un infarto y que padecen depresión o ansiedad, poder aliviar estas afecciones podría reducir los principales eventos cardíacos posteriores y mejorar la vida de innumerables pacientes, cubriendo así una necesidad clínica urgente no satisfecha», añade el Dr. Suuronen.

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