Picadura de avispa

La picadura de avispa cursa con dolor, enrojecimiento, picor o inflamaciónGetty Images

¿Cuándo una picadura de avispa es una urgencia médica? ¿Cómo diferenciarla de una de abeja?

Los inviernos cada vez más suaves y las altas temperaturas durante periodos más prolongados están alargando la temporada de actividad de las avispas en España y, con ello, el riesgo de sufrir picaduras. Sin embargo, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) recuerda que una reacción alrededor del punto de la picadura es completamente normal y no debe confundirse con una alergia.

«Una reacción local en la zona de picadura o de mordedura es inevitable, eso es normal, no hay que preocuparse por eso», explica el Dr. González de Olano, especialista en Alergología de la SEAIC.

Tras una picadura es habitual que aparezcan dolor, enrojecimiento, picor o inflamación. La intensidad puede variar de una persona a otra e incluso depender de la zona afectada. Una picadura en la cara o cerca de los ojos, por ejemplo, suele provocar una inflamación más llamativa sin que ello implique una reacción alérgica.

Síntomas de alergia

La alarma debe surgir cuando, tras una única picadura, aparecen síntomas alejados del lugar de la lesión, como náuseas, vómitos, mareos, fatiga o manifestaciones en distintas partes del cuerpo.

«Estas segundas reacciones, las reacciones generalizadas, son las que nos preocupan y son en las que hay que sospechar alergia y en las que hay que derivar o acudir siempre a un alergólogo para estudiarlas», advierte el especialista.

El estudio alergológico permite confirmar si existe alergia al veneno, identificar el insecto responsable y valorar la necesidad de un tratamiento específico. Además, haber sufrido previamente una reacción generalizada constituye el principal factor de riesgo para que vuelva a repetirse.

Avispas casi todo el año

La SEAIC señala que el cambio climático está modificando la estacionalidad de los himenópteros, grupo al que pertenecen abejas y avispas. Las temperaturas más elevadas favorecen que estos insectos permanezcan activos durante más meses.

«A la pregunta de si el cambio climático está alargando la temporada y el riesgo de picaduras en España, la contestación es sí», afirma el Dr. González de Olano.

Mientras que la exposición a las abejas suele estar ligada a la proximidad de colmenas o a la apicultura, las avispas están presentes tanto en entornos urbanos como rurales y zonas de ocio. «Antes las avispas probablemente teníamos un periodo, a lo mejor, de cinco meses al año y ahora, por el cambio climático, convivimos con ellas durante mucho más tiempo», añade.

Avispa asiática

A este escenario se suma la expansión de la avispa asiática (Vespa velutina), inicialmente localizada en Galicia y la cornisa cantábrica, pero ya presente en otras zonas de la Península. Según el alergólogo, esta especie puede resultar especialmente problemática cuando se altera un nido, ya que aumenta el riesgo de recibir múltiples picaduras. «La avispa velutina es agresiva y, si se siente amenazada, va a picar», señala.

Recibir varias picaduras puede agravar el cuadro tanto por una posible reacción alérgica como por la elevada cantidad de veneno inoculada. Por ello, los especialistas insisten en no intentar retirar los nidos sin la intervención de profesionales.

Abeja o avispa

Además, la llegada de esta especie complica la identificación del insecto responsable. Hasta ahora, distinguir entre una abeja y una avispa era relativamente sencillo, ya que la abeja deja el aguijón clavado en la piel y la avispa no. Sin embargo, la presencia de una tercera especie relevante desde el punto de vista alergológico dificulta el diagnóstico.

«Ahora tenemos un tercero, con lo cual, salvo que el paciente identifique, reconozca y sepa identificar cuál ha sido, nos dificulta un poco más el diagnóstico», apunta el Dr. González de Olano.

Inmunoterapia

En pacientes que han sufrido una reacción generalizada y presentan alergia confirmada al veneno, la inmunoterapia constituye el tratamiento de elección. Consiste en administrar dosis progresivamente crecientes del veneno responsable para que el sistema inmunitario desarrolle tolerancia y, ante futuras picaduras, la reacción quede limitada al lugar de la lesión.

La inmunoterapia consiste en administrar de forma controlada dosis progresivamente crecientes del veneno para conseguir una tolerancia inmunológica

«De forma genérica, la inmunoterapia consiste en administrar de forma controlada dosis progresivamente crecientes del veneno para conseguir una tolerancia inmunológica de nuestro sistema inmune y que esas reacciones, generalizadas o sistémicas, acaben siendo locales», explica el especialista.

A diferencia de los tratamientos destinados únicamente a aliviar los síntomas, la inmunoterapia modifica la evolución de la enfermedad. «Es el único tratamiento que modifica la evolución de la enfermedad», destaca el Dr. González de Olano, quien recuerda que algunas reacciones al veneno pueden llegar a ser mortales, por lo que se trata de «un tratamiento curativo y que salva vidas».

El tratamiento suele mantenerse durante cinco años y la protección obtenida persiste durante un largo periodo después de finalizar la terapia.

Qué hacer ante una picadura

La mayoría de las picaduras de avispa provocan una reacción local con dolor, enrojecimiento e inflamación que puede tratarse en casa. Los especialistas recomiendan actuar de la siguiente manera:

  • Lavar la zona con agua y jabón, evitando romper posibles ampollas o vesículas.
  • Retirar el aguijón, si lo hubiera, con una pinza estéril o raspándolo suavemente. No debe extraerse con las manos ni mediante succión.
  • Aplicar frío local (hielo envuelto en un paño o una compresa fría) durante intervalos de 10-15 minutos para reducir el dolor, la inflamación y la absorción del veneno.
  • Desinfectar la piel, preferiblemente con un antiséptico que no coloree la zona.
  • Utilizar lociones de calamina o amoniaco para aliviar el picor y la irritación.
  • Aplicar un corticoide tópico de baja potencia, si está indicado, para disminuir la inflamación.
  • Tomar antihistamínicos o analgésicos orales, si el picor o el dolor son intensos y no existe contraindicación.

Los expertos recuerdan que, en general, el frío es la medida física recomendada en las picaduras de insectos, ya que tiene efecto antiinflamatorio y analgésico.
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