Rey Harald V de Noruega

Rey Harald V de NoruegaEuropa Press

Qué es una anemia hemolítica, la enfermedad que sufría el rey Harald V de Noruega

Su estado se agravó en los últimos días por una infección bacteriana

El rey de Noruega Harald V, de 89 años, falleció este viernes en el Hospital Nacional de Oslo donde permanecía ingresado desde el 17 de agosto. Su estado se agravó en los últimos días por una infección bacteriana en la sangre por las complicaciones de una anemia hemolítica, una afección sanguínea que ocurre cuando los glóbulos rojos se destruyen más rápido de lo que se pueden reemplazar.

La combinación de una enfermedad hematológica y una infección grave puede resultar especialmente delicada en personas de edad avanzada, ya que el organismo puede tener más dificultades para hacer frente a la infección y mantener un adecuado aporte de oxígeno a los tejidos.

¿Qué es la anemia hemolítica?

El Dr. Gonzalo Castellanos Arias, especialista de Hematología y Hemoterapia explica en un artículo de Quisonsalud que, en condiciones normales, los glóbulos rojos se producen en la médula ósea, que funciona como fábrica de células sanguíneas. «Estas células tienen una vida media de unos 120 días y, una vez envejecidas, son eliminadas principalmente en el bazo y el hígado, órganos que también se encargan de reciclar algunos de sus componentes».

El doctor añade que el problema aparece cuando los glóbulos rojos comienzan a destruirse antes de tiempo. Este proceso recibe el nombre de hemólisis y, cuando la médula ósea no consigue compensar la pérdida acelerando la producción de nuevos eritrocitos, puede aparecer una anemia hemolítica.

El doctor Castellanos Arias afirma que la hemólisis se produce cuando los hematíes son destruidos de forma prematura. Aunque el organismo intenta compensar esta pérdida aumentando y acelerando su producción, esta respuesta puede no ser suficiente para mantener un número adecuado de glóbulos rojos.

Cansancio, palpitaciones e ictericia

Los síntomas dependen de la intensidad y de la rapidez con la que se produce la destrucción de los glóbulos rojos. Entre los más habituales se encuentran el cansancio o astenia, la palidez, las palpitaciones, la taquicardia, los mareos y la sensación de falta de aire.

Existe, además, un signo especialmente característico de las anemias hemolíticas: la ictericia, que provoca una coloración amarillenta de la piel y las mucosas como consecuencia del aumento de la bilirrubina generado por la destrucción de los glóbulos rojos.

En los casos más leves, esta coloración puede apreciarse principalmente en la parte blanca de los ojos, mientras que cuando la hemólisis es más intensa puede extenderse a la piel y resultar especialmente llamativa para el paciente.

La destrucción de los hematíes puede producirse dentro de los propios vasos sanguíneos, lo que se conoce como hemólisis intravascular, o fuera de ellos, principalmente en órganos como el bazo, en cuyo caso se denomina hemólisis extravascular.

Diferentes causas

Las anemias hemolíticas no tienen un único origen. Algunas aparecen desde el nacimiento y suelen tener un componente hereditario. En estos casos pueden existir alteraciones en la membrana de los glóbulos rojos o en la hemoglobina que contienen, lo que hace que estas células sean más vulnerables y tengan una vida más corta.

Otras anemias hemolíticas tienen un origen autoinmune. En estas situaciones, el organismo produce autoanticuerpos que se adhieren a la superficie de los glóbulos rojos y facilitan su eliminación o provocan directamente su destrucción.

Este tipo de hemólisis puede aparecer asociado a enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico, o a determinadas enfermedades hematológicas, entre ellas la leucemia linfática crónica. También puede aparecer de manera aislada, sin que exista otra enfermedad asociada.

Además, algunos casos están relacionados con determinados medicamentos o infecciones. También existen anemias hemolíticas provocadas por procesos conocidos como microangiopatías trombóticas. En ellas se forman pequeños trombos en los vasos sanguíneos que reducen su calibre y pueden provocar que los glóbulos rojos se fragmenten al atravesarlos.

Tratamiento

El tratamiento de una anemia hemolítica depende de su causa y de la gravedad del cuadro. Por ello, se trata de enfermedades que suelen requerir seguimiento especializado por parte de los servicios de Hematología.

Cuando se trata de una anemia hemolítica autoinmune, pueden utilizarse medicamentos inmunosupresores, entre ellos los glucocorticoides y determinados anticuerpos monoclonales dirigidos contra los linfocitos B, como los anti-CD20.

En las formas congénitas, las opciones son diferentes y dependen de la enfermedad concreta y de su gravedad. En algunos pacientes puede ser necesario recurrir a transfusiones de concentrados de hematíes o incluso a una esplenectomía, mientras que en otros casos puede ser suficiente con evitar los factores que desencadenan las crisis hemolíticas y administrar suplementos de ácido fólico.

En las situaciones más graves y determinadas enfermedades congénitas puede plantearse incluso un trasplante alogénico de progenitores hematopoyéticos.

Cuando la hemólisis está relacionada con una infección bacteriana, el tratamiento puede incluir antibióticos dirigidos contra el microorganismo responsable. Por su parte, las microangiopatías trombóticas requieren un abordaje altamente especializado, que puede incluir técnicas como el recambio plasmático o medicamentos capaces de inhibir el sistema del complemento.

En definitiva, la anemia hemolítica engloba un conjunto amplio de enfermedades con causas y tratamientos muy diferentes. Lo que tienen en común es un mismo problema: los glóbulos rojos desaparecen antes de completar su ciclo de vida y el organismo no siempre consigue reponerlos al mismo ritmo.

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