Kéfir

KéfirGetty/ Salima.senyavskaya

Las claves para elegir un buen kéfir en el supermercado y cómo hacerlo en casa

El kéfir es un producto lácteo que se obtiene a partir de la fermentación de la leche mediante bacterias y levaduras presentes en los llamados granos de kéfir, cuya forma recuerda a la de una coliflor.

Pero, ante la gran variedad de opciones que se encuentran en los supermercados, surge una duda: ¿realmente estamos comprando un kéfir auténtico?

Un kéfir sencillo solo necesita leche y fermentos de kéfir, que incluyen levaduras y bacterias. En algunos casos, la etiqueta puede incorporar leche en polvo, nata o proteínas para ajustar su textura. Sin embargo, cuando aparecen almidones, azúcar, aromas o aditivos, estamos ante un producto modificado industrialmente para unificar la textura y ajustar el sabor.

Al abrir el envase, el kéfir suele presentar una textura irregular, más o menos consistente, un marcado olor lácteo y un sabor ácido muy característico. Estas características son indicativas de la presencia de levaduras vivas en su interior.

A la hora de elegir, lo más recomendable es optar por el kéfir natural y evitar las versiones de sabores, que suelen incorporar azúcares añadidos, saborizantes y otros aditivos.

Entre las opciones disponibles también destacan los perfiles más artesanos y las elaboradas con leches alternativas. En este grupo se encuentran productos vivos y de sabor intenso a kéfir, como los elaborados con leche de cabra o de oveja.

Su consumo, además, ofrece numerosas posibilidades. Puede tomarse solo y muy frío, pero también combinarse con fruta, avena o frutos secos. Eso sí, hay una regla que conviene tener en cuenta: no calentarlo, ya que el exceso de temperatura destruye los componentes que lo hacen tan especial.

Beneficios para la salud

El kéfir es un alimento bajo en calorías; 100 g aportan 37 calorías, que facilitan la digestión, promueven la salud intestinal y contienen numerosos compuestos y nutrientes, como la biotina y el folato, que ayudan a poner en marcha el sistema inmunológico, protegen las células y contribuyen a mantener la salud general del organismo, tal y como informa la Asociación de Intolerantes a la Lactosa de España (Adilac). Además, es un alimento rico en probióticos, proteínas, calcio y vitaminas B12, D y K2, nutrientes que favorecen el mantenimiento de la salud ósea y detienen su degeneración.

Su efecto antibiótico y antivírico previene ciertas enfermedades y cura trastornos internos, según la Federación de Asociaciones de Enfermos de Crohn y Colitis Ulcerosa de España (ACCU). Al tomar kéfir, la producción de gérmenes patógenos siempre queda neutralizada por aquellos que sí son beneficiosos, estimulando las defensas.

Un estudio liderado por especialistas de la Universidad de Nottingham reveló que la combinación de kéfir y fibras prebióticas resulta más eficaz que los suplementos dietéticos convencionales para reducir la inflamación sistémica y fortalecer el sistema inmunológico.

Cómo hacer kéfir en casa

Para preparar kéfir en casa, hay que poner los granos de kéfir en un recipiente de vidrio junto con leche que puede ser descremada, semidescremada o entera. Una vez mezclados, se debe cubrir el recipiente con un paño limpio o con una tapa que permita la salida del gas generado durante la fermentación.

La mezcla debe reposar a temperatura ambiente, entre 18 ºC y 25 ºC, durante 24 a 48 horas. El tiempo de fermentación determinará también su sabor: cuanto más tiempo permanezca en reposo, más ácido será el kéfir.

Transcurrido ese periodo, se cuela la mezcla para separar los granos de kéfir del líquido resultante. Los granos pueden reutilizarse para preparar una nueva tanda, simplemente añadiéndolos a más leche fresca y repitiendo el proceso.

Una vez listo, el kéfir puede consumirse de inmediato o conservarse en el frigorífico durante un periodo de entre tres y cinco días.
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