La organizadora profesional María Leániz propone empezar septiembre por lo imprescindible
María Leániz, experta en orden: «Septiembre no es un buen mes para instaurar nuevos hábitos»
La organizadora profesional propone empezar por lo imprescindible para no caer en el estrés
Después de las vacaciones llega septiembre y, casi sin darnos cuenta, intentamos recuperar toda nuestra vida en cuestión de días: el trabajo a pleno rendimiento, los horarios de los niños, el deporte, las comidas organizadas, la casa al día y los compromisos sociales. Hacer todo esto en poco tiempo puede convertirse en una fuente de estrés. La organizadora profesional María Leániz propone empezar por lo imprescindible y dejar espacio para lo demás.
La autora del libro Cómo llevar una vida organizada (Ed. Hestia), defiende una idea que va más allá de mantener una casa ordenada o gestionar correctamente una agenda: el exceso es uno de los grandes enemigos de una vida organizada.
Y no se refiere únicamente al exceso de cosas. También pueden acumularse tareas, compromisos, responsabilidades, estímulos y expectativas sobre lo que deberíamos hacer o llegar a ser. «Organizarse no consiste en conseguir encajar cada vez más cosas en nuestra vida. Muchas veces consiste justamente en lo contrario: hacer menos, simplificar y decidir qué merece realmente nuestro tiempo y nuestra energía», explica María Leániz.
Esta es una de las ideas que recoge la experta en el libro es entender la organización no como un conjunto de trucos para ser más eficientes, sino como una forma de dirigir nuestra propia vida con más criterio y menos ruido. Una filosofía práctica para afrontar el día a día con mayor serenidad, foco y sensación de control. Y septiembre puede ser un buen momento para empezar a aplicarla, pero sin convertir la organización en otro proyecto más.
Primero, lo imprescindible
No todas las rutinas tienen que volver el 1 de septiembre. El trabajo, el colegio, la compra, las comidas o el sueño ya aportan suficiente estructura al día a día.
El gimnasio cinco días por semana, retomar todas las actividades, mantener la casa impecable o recuperar inmediatamente cada compromiso pueden esperar.
Repite sin complejos
Repetir también puede ser una forma de simplificar. Recurrir a cinco o seis cenas fáciles que ya sabemos que funcionan, comprar prácticamente lo mismo cada semana o repetir determinadas combinaciones de ropa evita tener que tomar nuevas decisiones constantemente.
No todo necesita creatividad ni una decisión diferente cada día. Contar con pequeños sistemas para las tareas cotidianas permite liberar tiempo y, sobre todo, atención.
Observar el problema
No es necesario reorganizar toda la casa ni diseñar un nuevo sistema familiar. Basta con observar dónde se produce el principal atasco: las mañanas, la llegada del colegio, las cenas o el momento de encontrar las llaves, las mochilas o el material de trabajo.
La propuesta es escoger uno de esos problemas y tratar de hacerlo más sencillo. A veces, basta con establecer un lugar fijo, dejar algo preparado la noche anterior o tomar una decisión con antelación para evitar una pequeña batalla que se repite cada día.
Deja huecos en la agenda
Otro de los errores habituales al retomar la rutina es volver a llenar inmediatamente la agenda. Sin embargo, una agenda organizada no tiene por qué ser una agenda completa.
Dejar espacios libres permite hacer frente a los imprevistos, el cansancio y las tareas que inevitablemente pueden aparecer durante las primeras semanas de septiembre.
Cuando la vida cotidiana haya recuperado su ritmo, habrá tiempo para decidir qué queremos cambiar, qué queremos recuperar y también qué quizá ya no necesitamos.
Porque organizarse no debería servir para exigirnos más ni para conseguir que quepa todo. Debería ayudarnos a elegir mejor qué queremos que forme parte de nuestra vida y a hacerla un poco más fácil de llevar.