Cambio de hora

La madrugada del 24 al 25 de octubre los relojes se retrasan una hora: a las 03:00 serán las 02:00 horasGetty Images

El cambio de hora de otoño y el riesgo de infarto: qué dice la evidencia disponible

La madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre los relojes se retrasan una hora para adaptarnos al horario de invierno. A las 03:00 horas de la madrugada las agujas marcarán las 02:00 horas. Los expertos afirman que retrasar los relojes puede modificar temporalmente los horarios de sueño, las comidas y la actividad cotidiana. Aunque estos cambios afectan al ritmo circadiano, que interviene en la regulación cardiovascular, la evidencia disponible no muestra un aumento consistente del riesgo de infarto asociado específicamente al cambio de otoño. La señal de riesgo cardiovascular es más clara, aunque modesta, tras el cambio de primavera, cuando se pierde una hora de sueño.

El corazón y los vasos sanguíneos siguen un ritmo diario. La presión arterial y la frecuencia cardiaca varían a lo largo del día y responden, entre otros factores, al sueño, la actividad física y los cambios hormonales. Cuando estas referencias se modifican de forma repentina, el organismo necesita unos días para adaptar sus funciones al nuevo horario.

José Luis Zamorano, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, explica: «En una persona sana, el cambio de hora se traduce en una adaptación transitoria y no debe interpretarse como un riesgo cardiovascular por sí mismo. Lo habitual es que el organismo vaya recuperando progresivamente la coordinación entre sus ritmos internos y las nuevas referencias externas, por lo que los efectos asociados a este proceso suelen ser temporales», explica

Las alteraciones del ritmo circadiano están relacionadas con cambios en la regulación de la presión arterial y el equilibrio hormonal. Por ello, más que considerar el cambio de hora una agresión directa al sistema cardiovascular, conviene observar si el descanso y el funcionamiento habitual se normalizan durante los días posteriores.

El cansancio durante el día, la dificultad para conciliar el sueño o despertarse antes de lo habitual son algunas de las molestias que pueden aparecer al principio. Sin embargo, hay síntomas que no deben atribuirse automáticamente al cambio horario.

«Cansancio diurno, dificultad para conciliar el sueño o despertarse antes de lo habitual son manifestaciones frecuentes durante estos primeros días. En cambio, si aparecen palpitaciones persistentes, dolor en el pecho, dificultad para respirar o mareo intenso, conviene solicitar una valoración médica y no atribuir esos síntomas únicamente al cambio de horario», añade Zamorano.

Las personas mayores también pueden notar estas modificaciones. Con el paso de los años, el sueño tiende a ser más fragmentado y los cambios bruscos en las rutinas pueden tardar algo más en incorporarse al día a día.

Por su parte, Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores, afirma: «Una hora de diferencia puede parecer mínima, pero modificar de forma brusca referencias muy asentadas puede traducirse en varios días de somnolencia o de dificultad para seguir las rutinas habituales, especialmente en personas mayores o con trastornos del sueño. Cuando sea posible, puede facilitarse la adaptación adelantando o retrasando gradualmente, durante los días previos, la hora de acostarse, levantarse y comer en intervalos pequeños, y manteniendo después horarios regulares. Si los cambios persisten o afectan de forma relevante al funcionamiento diario, conviene realizar una valoración individual», señala.

Pautas a seguir

Para facilitar la adaptación al nuevo horario, los especialistas de Sanitas recomiendan seguir algunas pautas:

Exponerse a la luz natural por la mañana. Reducir la luz intensa y el uso de pantallas antes de acostarse también ayuda a sincronizar el reloj biológico y favorece el sueño nocturno.

Mantener horarios estables para dormir y comer. Conservar rutinas regulares durante los días posteriores evita sumar nuevos cambios a los que ya implica el ajuste horario.

Evitar alterar demasiado la rutina para compensar el cansancio. Las siestas largas y el consumo de cafeína a última hora pueden interferir en el descanso nocturno y dificultar la recuperación del patrón habitual.

Consultar si aparecen síntomas persistentes o poco habituales. El cambio de hora no debe utilizarse para explicar cualquier molestia nueva. Si los síntomas cardiovasculares persisten, es aconsejable solicitar una valoración profesional. La videoconsulta puede facilitar una primera evaluación y ayudar a determinar si es necesario completar la atención de forma presencial.

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