Frutas
La fruta que la ciencia aconseja comer para proteger la piel del sol
En los últimos años, distintos estudios científicos han reforzado el interés por las propiedades saludables de las uvas. Investigaciones previas ya habían señalado que su consumo podría contribuir a reducir el riesgo de desarrollar demencia e incluso asociarse a una mayor esperanza de vida, con estimaciones que apuntan a un incremento de hasta cinco años.
Otros trabajos también han puesto de relieve la capacidad de esta fruta para modular el microbioma humano —el conjunto de microorganismos que habitan en el organismo—, un factor estrechamente relacionado con procesos clave para la salud, como la respuesta inmunitaria, el metabolismo o la inflamación.
Ahora, una nueva investigación publicada en la revista científica ACS Nutrition Science, apunta a que el consumo regular de uvas podría tener un impacto más amplio de lo que se pensaba sobre la salud de la piel humana. Los resultados indican que las uvas no solo aumentan la resistencia de la piel frente a la radiación ultravioleta, sino que también modifican la expresión genética relacionada con la protección cutánea.
Estudios clínicos previos ya habían demostrado que ingerir uvas podía incrementar la resistencia de la piel a la radiación UV en entre un 30 % y un 50 % de las personas analizadas. Sin embargo, esta nueva investigación sugiere que los efectos podrían extenderse, en mayor o menor medida, a toda la población.
Fortalecer la barrera cutánea
El estudio se realizó con voluntarios humanos que consumieron el equivalente a tres raciones diarias de uvas enteras durante dos semanas. Los investigadores analizaron la expresión génica de la piel antes y después del consumo de uvas, tanto con exposición como sin exposición a bajas dosis de radiación ultravioleta.
Los resultados revelaron importantes diferencias individuales en la expresión genética cutánea. Cada participante presentaba desde el inicio un perfil genético distinto en la piel y, aunque estos patrones cambiaban tras consumir uvas o exponerse a radiación UV, las respuestas seguían siendo únicas en cada persona.
No obstante, los científicos observaron un patrón común tras el consumo de uvas: una mayor actividad en procesos de queratinización y cornificación de la piel, mecanismos biológicos que fortalecen la barrera cutánea frente a agresiones ambientales.
Además, al exponer posteriormente la piel a radiación UV, comprobaron que los niveles de malondialdehído —un marcador asociado al estrés oxidativo— disminuían en quienes habían consumido uvas, lo que apunta a un posible efecto protector frente al daño celular.
«Ahora sabemos con certeza que las uvas actúan como un superalimento y median una respuesta nutrigenómica en los seres humanos», afirma John Pezzuto, doctor en filosofía y decano de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Salud de la Western New England University.
«Observamos esto en el órgano más grande del cuerpo, la piel. Los cambios en la expresión génica indicaron mejoras en la salud de la piel», explica el investigador.
Más allá de la piel
Pezzuto considera además que el impacto de las uvas podría ir más allá del tejido cutáneo. «Es casi seguro que el consumo de uvas afecta la expresión génica en otros tejidos somáticos del cuerpo, como el hígado, los músculos, los riñones e incluso el cerebro», señala.
El investigador añade que estos avances ayudan a comprender mejor cómo determinados alimentos integrales pueden influir en la salud general mediante mecanismos nutrigenómicos. «Es muy emocionante trabajar en la era postgenómica, donde finalmente podemos comenzar a emplear la genómica funcional y visualizar matrices complejas que indican respuestas nutrigenómicas», concluye.