Mujer con un vaper
Humo
Los vapers desechables son más tóxicos que los tradicionales, según un nuevo estudio
Los jóvenes son los principales consumidores de estas marcas, lo que agrava los riesgos a largo plazo por acumulación de metales como plomo y níquel
El cigarrillo electrónico nació en China hace ya 18 años. Desde entonces, su consumo se ha disparado en todo el mundo y, en España, se ha convertido en un fenómeno especialmente entre los más jóvenes, que se refieren a este dispositivo como vaper. A través de él, buscan una experiencia similar a la de fumar cigarrillos tradicionales, con la percepción, no siempre fundamentada, de que perjudica menos su salud.
Las cifras así lo reflejan. Según la encuesta EDADES 2024, un 19 % de la población entre 15 y 64 años ha probado alguna vez el cigarrillo electrónico, ya sea con nicotina o sin ella. El consumo es más habitual entre los hombres (20,3 %) que entre las mujeres (17,7 %), una diferencia que se mantiene en todos los grupos de edad. Los jóvenes de entre 15 y 24 años son quienes presentan las tasas más elevadas, tanto en hombres como en mujeres.
Vapers desechables
Existen diferentes tipos de cigarrillos electrónicos y, entre los más populares, se encuentran los vapers desechables. Se trata de dispositivos que vienen precargados con e-líquido y una batería, listos para usar y diseñados para ser desechados una vez que se agota el líquido o la batería.
Sin embargo, un nuevo estudio ha demostrado que estos modelos no solo no son menos dañinos que los tradicionales, sino que pueden ser considerablemente más tóxicos.
La investigación titulada Elevated Toxic Element Emissions from Popular Disposable E-Cigarettes: Sources, Life Cycle, and Health Risks analizó tres marcas populares de cigarrillos desechables (ELF Bar, Flum Pebble y Esco Bar) con el objetivo de identificar metales tóxicos en los aerosoles, determinar su origen y evaluar los riesgos para la salud.
Son más tóxicos
Los resultados demostraron que los niveles de de níquel (Ni), cromo (Cr), plomo (Pb), cobre (Cu), zinc (Zn) y antimonio (Sb) en los aerosoles de estos dispositivos es extremadamente alto. En algunos casos, estas emisiones fueron hasta 1.000 veces superiores a las de cigarrillos tradicionales o modelos anteriores de vapeadores.
El Ni y el Sb son sustancias asociadas a riesgo cancerígeno por inhalación. Por otro lado, el Pb y el Ni superan los límites de seguridad para toxicidad no cancerígena, lo cual es preocupante especialmente en adolescentes.
Además, el Cr detectado es de tipo Cr, que no es cancerígeno, pero se plantea la posibilidad de oxidación a Cr dentro de los pulmones.
La toxicidad está en el diseño
Una de las conclusiones más alarmantes es que muchos de estos metales no provienen del líquido, sino del propio diseño del dispositivo.
Níquel y cromo se liberan por la degradación de las bobinas calefactoras con el uso.En el caso de los dispositivos Esco Bar, el plomo, cobre y zinc se originan en componentes metálicos no calefactores (como fundas o conectores), fabricados con aleaciones de bronce con plomo.
La falta de regulación efectiva ha permitido la distribución masiva de estos dispositivos, especialmente entre jóvenes, lo que agrava los riesgos por la acumulación progresiva de metales pesados en el organismo.