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Ictus

Un parche de seda ayuda al cerebro a recuperarse tras un ictus

Un estudio demuestra en modelos animales cómo el parche puede activar mecanismos de protección y reparación del tejido cerebral

Un equipo de investigadores de distintas disciplinas ha conseguido probar en modelos animales que un parche de seda implantado en el cerebro puede poner en marcha mecanismos de protección y reparación del tejido cerebral. Este avance abre una vía para favorecer la recuperación después de un ictus, una enfermedad de gran impacto sanitario por sus consecuencias neurológicas y por las secuelas que deja en numerosos pacientes.

El dispositivo está elaborado con fibroína de seda, una proteína natural producida por el gusano de seda. Su función consiste en liberar de manera controlada una molécula esencial para la regeneración de los tejidos, aunque especialmente inestable. Según han comprobado los investigadores, estas láminas permiten además que las células madre migren hacia las zonas cerebrales dañadas y permanezcan allí, lo que permite sortear algunas de las principales limitaciones que presentan las terapias convencionales.

El estudio ha sido publicado en la revista científica Regenerative Biomaterials, de Oxford Academic, y ha contado con la participación de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El director del equipo, Daniel González, ha destacado a EFE que las posibles aplicaciones de esta tecnología pueden ser «extraordinarias» tanto en enfermedades de origen cerebral, como el ictus, el alzhéimer, el párkinson o los tumores cerebrales, como en otras patologías no cerebrales.

El infarto cerebral se sitúa entre las enfermedades más graves y frecuentes. Se produce cuando una arteria encargada de llevar oxígeno al cerebro queda bloqueada, lo que ocasiona daños en el tejido cerebral. En muchos casos, sus efectos son devastadores: una parte relevante de los pacientes fallece y entre el 30 y el 40 por ciento de quienes sobreviven arrastran secuelas que condicionan su vida diaria.

Buscando tratamientos eficaces

En la actualidad existen tratamientos dirigidos a disolver o retirar el coágulo que provoca el ictus. Sin embargo, no siempre resultan eficaces y tampoco todos los pacientes pueden recibirlos. A ello se suma que no hay terapias capaces de reparar la zona cerebral dañada. Por este motivo, desde hace décadas varios grupos científicos estudian el potencial de distintas estrategias basadas en moléculas neuroprotectoras o en células madre, con el objetivo de reducir el tamaño del infarto cerebral, la mortalidad y la discapacidad asociada.

El proyecto se ha desarrollado dentro del consorcio MINA, Madrid Innovate Neurotech Alliance, impulsado en Madrid. Como resultado de este trabajo, Silk Biomed, una empresa derivada de la Universidad Politécnica de Madrid, ha conseguido estandarizar el proceso de fabricación del parche. Se trata de un paso fundamental para que esta tecnología pueda llegar a producirse a gran escala en el futuro.

Daniel González, investigador del Centro de Tecnología Biomédica de la UPM, ha explicado que la «prueba de concepto tecnológica» basada en parches de fibroína de seda ha permitido demostrar en modelos animales la recuperación de funciones sensoriales y motoras perdidas tras un daño cerebral. El equipo continúa ahora estudiando con más detalle los mecanismos responsables de esa recuperación funcional.

El investigador ha subrayado la relevancia de desarrollar una tecnología de este tipo en un ámbito en el que no existen tratamientos eficaces para disminuir el tamaño de la lesión causada por el ictus. También ha recalcado la necesidad de conocer mejor los fundamentos del procedimiento, comprender cómo actúa esta terapia «y optimizar aún más el enfoque terapéutico». No obstante, ha advertido de que el camino hasta su posible aplicación clínica es lento.

El salto a la clínica

Antes de iniciar ensayos en humanos, ha señalado González, es imprescindible llevar a cabo pruebas preclínicas regulatorias en animales bajo normas de calidad muy exigentes. Esos estudios, ha apuntado, tienen un coste elevado, por lo que será necesario disponer de más financiación pública y privada para que la investigación pueda seguir avanzando.

González ha asegurado que la fabricación de la fibroína de seda necesaria para estos parches puede realizarse a gran escala. Asimismo, ha precisado que la prueba de concepto «in vivo» se llevó a cabo en un modelo de ratón con ictus cerebral. Aun así, el parche podría reconstituirse con los principios bioactivos necesarios en cada enfermedad y en cada contexto fisiopatológico, ya sea párkinson, alzhéimer o un tumor cerebral.

La implantación del parche se efectúa mediante un pequeño orificio en el cráneo, que permite situarlo sobre la superficie cerebral, entre el cerebro y el cráneo. De este modo, las moléculas terapéuticas pueden alcanzar con mayor facilidad la zona de interés, según ha explicado el científico. González se muestra convencido de que el beneficio de estos implantes «puede ser enorme» y supera ampliamente el riesgo asociado a esa incisión. En paralelo, ha indicado que ya se están desarrollando estrategias para que el parche terapéutico pueda administrarse de forma inyectable a través de una mínima ventana quirúrgica en el cráneo.

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