Jane Goodall
Prosopagnosia, la condición neurológica que impide reconocer rostros y que padecía Jane Goodall
Este miércoles 1 de octubre fallecía la famosa naturalista a la edad de 91 años
Este miércoles 1 de octubre fallecía en su casa la célebre primatóloga y antropóloga Jane Goodall, a los 91 años. La noticia fue confirmada por el instituto que ella misma fundó, que destacó su encomiable labor en la defensa del medioambiente.
«El Instituto Jane Goodall ha recibido este miércoles la noticia del fallecimiento por causas naturales de la Dra. Jane Goodall DBE, Mensajera de la Paz de la ONU y fundadora de esta institución», informó la entidad en redes sociales.
La organización subrayó que «los descubrimientos de Goodall como etóloga revolucionaron la ciencia» y que fue «una incansable defensora de la protección y la restauración de nuestro planeta».
La naturalista fallecía de muerte natural, pero algo que pocos saben es que padecía prosopagnosia, una condición neurológica poco frecuente que dificulta a quien lo padece la capacidad de reconocer rostros e incluso el reflejo de uno mismo en el espejo.
Prosopagnosia
Las personas con prosopagnosia pueden ver perfectamente y no tienen problemas de memoria general, pero no logran identificar caras, ni siquiera de familiares cercanos o de ellos mismos en un espejo o fotografía. En algunos casos, el reconocimiento de otros estímulos visuales (objetos, lugares, etc.) está intacto.
Existen dos tipos de prosopagnosia:
- Congénita o del desarrollo: se manifiesta desde la infancia, sin que exista una lesión cerebral aparente.
- Adquirida: aparece tras un daño cerebral, normalmente en las áreas occipito-temporales del cerebro (como el giro fusiforme, especializado en el procesamiento facial).
¿Y qué puede causar esta condición? Pues normalmente está asociada a lesiones cerebrales, como accidentes cerebrovasculares, traumatismos o tumores; o alteraciones del desarrollo neurológico.
Más allá de tener dificultades para diferenciar rostro, esta condición dificulta en gran medida la vida social y profesional, ya que el reconocimiento de caras es indispensable para la interacción humana. Así, muchas personas compensan esta carencia utilizando pistas alternativas, como la voz, la forma de caminar, la ropa o el peinado, entre otras cosas.