La tirzepatida puede suprimir de forma temporal la actividad cerebral implicada en el «ruido alimentario»Getty Images/Yuliia Kaveshnikova

La pastilla que silencia de forma temporal el 'impulso de comer' en el cerebro

La tirzepatida puede suprimir de forma temporal la actividad cerebral implicada en el «ruido alimentario»

Un estudio realizado por la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania ha permitido observar cómo actúa la tirzepatida en el cerebro de una paciente con obesidad y pérdida de control sobre la ingesta alimentaria. La investigación, publicada en Nature Medicine, reveló que este fármaco –comercializado como Mounjaro y Zepbound– suprime temporalmente la señalización en el núcleo accumbens, también conocido como el «centro de recompensa» cerebral, una región clave en la regulación de los impulsos alimentarios.

La tirzepatida es un agonista dual de los receptores de GLP-1 y GIP, originalmente diseñado para tratar la diabetes tipo 2, aunque ha demostrado una notable eficacia en la pérdida de peso. En este caso, se evaluó su impacto en una mujer de 60 años que sufría de obesidad severa resistente a múltiples tratamientos, incluyendo cirugía bariátrica, terapia conductual y diversos medicamentos. Pese a estos intentos, persistía en ella una obsesión constante con la comida, especialmente por productos ultraprocesados como pastelitos, rosbif y patatas fritas.

Fármacos en el cerebro

Tras el fracaso con un primer inhibidor de GLP-1, se le prescribió tirzepatida para controlar su diabetes, justo antes de someterse a una intervención cerebral como parte de un ensayo clínico experimental liderado por el Dr. Casey H. Halpern. La operación consistía en implantar electrodos intracraneales para monitorizar y estimular eléctricamente el núcleo accumbens, con el objetivo de intervenir de forma directa en el momento previo a los atracones.

Según explicó Halpern, «este estudio ofrece información clave sobre cómo actúan estos fármacos en el cerebro y nos servirá de guía en la exploración de nuevas indicaciones». Y añadió: «Hasta que no comprendamos mejor su mecanismo de acción en el cerebro, es demasiado pronto para considerar a los inhibidores de GLP-1 y GIP como fármacos milagrosos para otras afecciones además de la diabetes tipo 2 y la obesidad».

Efectos transitorios

Durante los seis meses del ensayo, la actividad cerebral de la paciente se mantuvo en niveles muy bajos en el núcleo accumbens y ella misma reportó una ausencia total de preocupación por la comida. Sin embargo, este efecto fue transitorio: cinco meses después de alcanzar la dosis máxima del fármaco, reaparecieron tanto los pensamientos obsesivos como la activación eléctrica del centro de recompensa. Este hallazgo sugiere que la eficacia de la tirzepatida para suprimir la actividad cerebral vinculada al impulso alimentario podría tener una duración limitada.

El equipo investigador ya había demostrado previamente que una estimulación eléctrica de alta frecuencia en el núcleo accumbens, aplicada justo cuando se detectan patrones eléctricos asociados al deseo de atracón, puede prevenir este comportamiento. De hecho, otros participantes del ensayo que no tomaban tirzepatida mostraron el patrón eléctrico alterado habitual, lo que refuerza la hipótesis de que el medicamento fue responsable de la supresión temporal del «ruido alimentario».

Los inhibidores de GLP-1 y GIP alteran la señalización neuronal

A pesar de que los resultados sólo corresponden a un caso individual, ofrecen una ventana valiosa para entender cómo los inhibidores de GLP-1 y GIP alteran la señalización neuronal. En palabras de la Dra. Kelly Allison, coautora del estudio y directora del Centro de Trastornos de la Alimentación y el Peso, «estos medicamentos son extraordinarios para el propósito para el que fueron desarrollados: controlar la glucemia en personas con diabetes tipo 2 y favorecer la pérdida de peso en casos de obesidad». No obstante, puntualizó que «podrían ser útiles para controlar la preocupación excesiva por la comida y los atracones, pero no en su forma actual».

La coautora principal del estudio, Wonkyung Choi, concluyó: «Estos hallazgos deberían impulsar futuras investigaciones para desarrollar un tratamiento más adecuado a los rasgos de impulsividad de la obesidad y los trastornos alimentarios relacionados, que sea seguro y de larga duración». Así, la investigación abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas para abordar una conducta alimentaria desregulada, aunque advierte que queda mucho por explorar antes de ampliar las indicaciones clínicas de estos medicamentos.