Existe una relación bidireccional entre el sueño y el metabolismo
Dormir 7 horas y 18 minutos al día reduce el riesgo de resistencia a la insulina, según un estudio
Existe una relación bidireccional entre el sueño y el metabolismo
La diabetes tipo 2 es una enfermedad metabólica que se produce cuando el organismo pierde la capacidad de utilizar correctamente la insulina, la hormona encargada de regular la cantidad de azúcar en la sangre. Como consecuencia de este mal funcionamiento, la glucosa se acumula en el torrente sanguíneo en lugar de ser utilizada por las células como fuente de energía. Durante muchos años, esta afección fue conocida popularmente como «diabetes de aparición en la edad adulta», ya que solía diagnosticarse con mayor frecuencia en personas adultas.
Cuando los niveles de glucosa permanecen elevados durante largos periodos, el organismo comienza a sufrir daños en diferentes órganos y sistemas. Expertos de la Clínica Mayo explican que los altos niveles de glucosa en la sangre en la diabetes tipo 2 pueden dañar los ojos, los riñones, los nervios y el corazón. Esto puede deberse a que el páncreas no produce la cantidad suficiente de una hormona llamada insulina, la cual ayuda al azúcar a ingresar en las células. También pasa porque las células responden de manera ineficiente a la insulina e ingresa menos azúcar.
Para ayudar a controlar esta afección, los médicos recomiendan una correcta alimentación, bajar de peso y hacer ejercicio. Ahora, un amplio estudio observacional, publicado en la revista científica BMJ Open Diabetes Research & Care, añade unas horas exactas de sueño; en concreto, dormir 7 horas y 18 minutos por noche podría marcar la diferencia en la prevención de la resistencia a la insulina, antesala de la diabetes tipo 2.
La investigación, que recogió durante más de una década datos de 23.475 participantes de entre 20 y 80 años, utilizó información de distintas ediciones de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) entre 2009 y 2023. De ellos, 10.817 también aportaron datos sobre sus hábitos de sueño durante el fin de semana.
El punto óptimo del sueño
Los científicos centraron su análisis en la tasa estimada de eliminación de glucosa (eGDR, por sus siglas en inglés), un indicador considerado fiable de resistencia a la insulina. Valores bajos de eGDR (por debajo de 6–7 mg/kg/min) se asocian con mayor riesgo metabólico, mientras que cifras superiores a 10 mg/kg/min indican menor riesgo.
El promedio de eGDR en la muestra fue de 8,23. Entre semana, los participantes dormían una media de 7 horas y 30 minutos, y casi el 48 % declaró «recuperar» horas de sueño los fines de semana. En esos días, el descanso promedio ascendía a 8 horas.
El análisis reveló una relación en forma de U invertida entre la duración del sueño y la eGDR, con un punto óptimo situado en 7 horas y 18 minutos por noche. Por debajo de ese umbral, dormir más se asociaba con mejores indicadores metabólicos. Sin embargo, superar esa duración se vinculó con un descenso de la eGDR, especialmente en mujeres y en personas de entre 40 y 59 años.
Sueño el fin de semana
Los resultados también matizan el papel del llamado «sueño de recuperación». En quienes dormían menos de lo recomendado entre semana, sumar una o dos horas adicionales el fin de semana se relacionó con mejores valores de eGDR frente a quienes no recuperaban horas.
En cambio, entre quienes ya superaban el umbral óptimo de sueño durante la semana, añadir más de dos horas extra el fin de semana se asoció con un empeoramiento de los indicadores metabólicos, incluso tras ajustar por factores como estilo de vida, etnia, estado civil y nivel educativo.
Los investigadores advierten que la relación entre sueño y metabolismo podría ser bidireccional. Niveles bajos de glucosa se han vinculado tanto a dormir poco como en exceso, así como a trastornos del sueño. Esto podría generar un «círculo vicioso» en el que la desregulación metabólica altere el descanso y, a su vez, el sueño anormal agrave la salud metabólica.
Al tratarse de un estudio observacional, los autores subrayan que no puede establecerse una relación directa de causa y efecto. Además, la duración del sueño fue autodeclarada, lo que introduce posibles sesgos, y no puede descartarse la causalidad inversa.
Con todo, concluyen que estos hallazgos refuerzan la importancia de los patrones de sueño —y en particular del descanso compensatorio del fin de semana— como un factor potencialmente relevante en la regulación metabólica y en el abordaje clínico de la diabetes.