Aragón, sabor de verdad
Cómo saber si un tomate está maduro y cuál es la mejor forma de conservarlo
El tomate se ha consolidado como uno de los alimentos más habituales en los platos de los hogares españoles. Consumido en crudo, triturado o en salsa, este fruto de la tomatera, originario de América, se ha convertido en un pilar de la dieta mediterránea por su versatilidad y valor nutricional.
Desde hace décadas, diversos estudios científicos han vinculado su consumo con la prevención de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, así como con la reducción del riesgo de determinados tipos de cáncer.
Las investigaciones apuntan a que el tomate posee propiedades antiplaquetarias, protectoras del endotelio, antioxidantes y antiaterogénicas. Además, en el ámbito oncológico, se han identificado varios mecanismos potenciales por los que podría ejercer un efecto preventivo, entre ellos su capacidad antioxidante, la activación de la apoptosis (muerte celular programada), la reducción de la proliferación celular y la inhibición de procesos como la angiogénesis y la metástasis.
El chef David Guilbert ha compartido en sus redes sociales una serie de recomendaciones sobre la correcta conservación del tomate, cuestionando la costumbre habitual de guardarlo siempre en la nevera. Según explica el profesional, no todos los tomates deben almacenarse del mismo modo, y hacerlo de forma inadecuada puede afectar a su sabor, textura y calidad.
En primer lugar, Guilbert señala que los tomates que presentan zonas verdes o amarillentas, que no ceden al presionarlos ligeramente con el dedo y carecen de aroma, aún no están maduros. En estos casos, aconseja dejarlos fuera del frigorífico, a temperatura ambiente y lejos del sol directo.
Colocarlos junto a frutas como manzanas o plátanos puede acelerar su maduración debido al etileno que estas desprenden
Por el contrario, cuando el tomate muestra un color uniforme, cede ligeramente al tacto y desprende su característico olor, ya se encuentra en su punto óptimo. En este caso, el chef recomienda consumirlo en el mismo día o, si no es posible, conservarlo en la nevera colocado boca abajo para prolongar su frescura.
Por último, el cocinero aborda la conservación del tomate una vez cortado. Para evitar la pérdida de jugosidad, textura y sabor, así como la absorción de olores o la proliferación de bacterias, aconseja guardarlo en un recipiente hermético sobre una servilleta de papel. No obstante, advierte que debe consumirse en un plazo máximo de uno a dos días para evitar su deterioro.