La capacidad de un adulto mayor para levantarse de una silla puede convertirse en un termómetro de su estado de salud
Levantarse de una silla, una acción clave para medir la calidad de vida
La capacidad de un adulto mayor para ponerse de pie puede convertirse en un termómetro de su estado de salud
Cuando se llega a cierta edad, el sencillo gesto de levantarse de una silla puede resultar todo un reto. Los hay que a los 80 años lo hacen sin esfuerzo, mientras que otros, siendo más jóvenes, tienen problemas. Un estudio internacional advierte de que las dificultades para ponerse de pie tras permanecer sentado durante un tiempo prolongado no solo reflejan limitaciones físicas, sino también un mayor riesgo de deterioro psicológico en los años siguientes.
La investigación, publicada en la revista Calcified Tissue International y dirigida por el profesor M. Azhar Hussain, de la Universidad de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos), analizó datos de más de 50.000 personas mayores de 50 años procedentes de 15 países europeos, a las que siguió durante casi una década.
Al inicio del estudio, los participantes respondieron a una cuestión directa: si tenían dificultades para levantarse de una silla tras permanecer sentados durante mucho tiempo. Casi uno de cada cinco respondió afirmativamente, un dato que, según los investigadores, resulta especialmente significativo.
«Descubrimos que los adultos mayores que reportaron dificultades para levantarse de una silla tenían más probabilidades de experimentar una peor calidad de vida, síntomas de depresión y problemas articulares en los años posteriores», señaló el profesor Hussain.
El investigador subraya que esta limitación, aparentemente menor, tiene implicaciones relevantes a largo plazo. «Las personas que tenían dificultades para ponerse de pie eran significativamente más propensas a reportar posteriormente una menor satisfacción con la vida y mayores niveles de angustia emocional. También eran más propensas a desarrollar osteoartritis, una afección común que causa dolor y rigidez en las articulaciones y limita el movimiento diario».
Khalid Saeed, investigador principal de la Universidad de Helsinki y coautor del estudio, destacó el valor de este indicador sencillo: «Nuestros hallazgos demuestran que una pregunta muy simple puede revelar vulnerabilidades más profundas». Y añade: «La dificultad para levantarse de una silla no se limita solo a las piernas. Refleja un deterioro más amplio que puede afectar la independencia, la confianza y el bienestar mental».
Síntomas depresivos y osteoartritis
La dificultad para levantarse de una silla ya se utiliza en evaluaciones geriátricas como señal de limitaciones funcionales. Sin embargo, su capacidad para anticipar otros problemas de salud no había sido explorada con datos longitudinales de gran escala como los empleados en este estudio.
«Nuestros datos demuestran que la dificultad autoinformada para levantarse de una silla es un predictor significativo de futuros resultados psicosociales y musculoesqueléticos en adultos mayores europeos», señalan los autores. «Utilizando un amplio conjunto de datos longitudinales, observamos que las personas que informaron dificultades para levantarse de una silla al inicio del estudio tenían una probabilidad significativamente mayor de desarrollar una baja calidad de vida, síntomas depresivos y osteoartritis durante el seguimiento».
Además, se trata de una herramienta fácilmente aplicable en la práctica médica, ya que no requiere equipamiento, pruebas específicas ni coste económico.
Tres claves para la prevención
El profesor Hussain destaca tres conclusiones principales del estudio. En primer lugar, la necesidad de que los profesionales sanitarios presten atención a este tipo de dificultades en los pacientes de mayor edad.
«Levantarse de una posición sentada requiere fuerza, equilibrio y coordinación. Cuando este movimiento se vuelve difícil, las personas pueden empezar a evitar actividades, reuniones sociales o incluso salidas cortas de casa», explica. «Con el tiempo, esta menor participación puede contribuir a sentimientos de aislamiento y bajo estado de ánimo, lo que afecta aún más al bienestar general».
Levantarse de una posición sentada requiere fuerza, equilibrio y coordinación
En segundo lugar, el estudio concluye que esta limitación no predice de forma consistente la aparición de enfermedades cardiovasculares o diabetes, incluso tras ajustar variables como la edad o el peso. «Los investigadores advierten que estas afecciones tienen causas complejas y que las personas con problemas de movilidad pueden recibir diagnósticos médicos diferentes», apunta Hussain. «Sin embargo, la relación con la salud mental y los problemas articulares se mantuvo sólida».
Por último, el trabajo adquiere relevancia en el contexto del envejecimiento global de la población. «Prestar mayor atención a las dificultades físicas precoces podría ayudar a las personas y a los sistemas de salud a actuar con mayor rapidez, lo que permitiría un envejecimiento más saludable e independiente durante más tiempo», afirma.
Los autores insisten en la importancia de detectar de forma temprana estos signos. Consideran que una intervención a tiempo puede mejorar tanto la funcionalidad física como la calidad de vida de los mayores.