Los genes de los padres influyen en los hijos incluso cuando no son heredados
Los padres transmiten algo más que genes: influyen en la estatura, el peso o las notas
El trabajo revela que los genes de los padres influyen en los hijos incluso cuando no son heredados
La influencia de los padres sobre sus hijos no se limita a los genes que transmiten. Un estudio internacional liderado por investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria (ISTA) y el Instituto Noruego de Salud Pública ha demostrado que el ADN de los progenitores puede seguir condicionando aspectos como la estatura, el peso corporal o el rendimiento académico de sus hijos incluso a través de los genes que estos no heredan.
La investigación, publicada en la revista Cell Genomics, presenta un nuevo método capaz de distinguir cómo influyen los genes heredados directamente de los padres y cómo lo hace el entorno familiar moldeado por la genética parental. Los resultados sugieren que este efecto indirecto puede llegar a ser casi tan importante como la propia herencia genética.
Más allá de los genes heredados
Tradicionalmente, los estudios genéticos han centrado su atención en el ADN de cada individuo. Sin embargo, los científicos recuerdan que los padres no solo transmiten material genético, sino que también crean un entorno familiar influido por su propia composición genética, lo que puede repercutir en el desarrollo de sus hijos.
Este fenómeno, conocido como influencia genética del entorno, dificulta la interpretación de algunos estudios porque determinadas características pueden atribuirse erróneamente al ADN del individuo cuando, en realidad, están parcialmente condicionadas por el entorno generado por los progenitores.
El entorno familiar tiene un peso comparable al de la herencia genética
A ello se suma otro fenómeno conocido como efecto de origen parental, según el cual algunos genes actúan de forma diferente dependiendo de si proceden de la madre o del padre. Esto ocurre porque determinados genes pueden encontrarse inactivos en los óvulos o los espermatozoides, de manera que solo ejercen su efecto cuando son heredados de uno de los progenitores.
Influencias genéticas
Hasta ahora, distinguir el peso de cada uno de estos factores había sido uno de los principales retos de la genética humana. El nuevo trabajo propone una herramienta capaz de separar de forma precisa los efectos genéticos directos de los indirectos y los asociados al origen parental.
«Los efectos genéticos indirectos y los efectos de origen parental son fenómenos distintos que pueden explicar cómo los genes influyen en los rasgos más allá del modelo estándar del ADN directo de una persona. Sin embargo, separarlos para revelar sus contribuciones individuales e interacciones no se había hecho antes», afirma Matthew Robinson, profesor del ISTA y codirector del estudio.
La investigación fue liderada junto a la investigadora posdoctoral Ilse Krätschmer y Alexandra Havdahl, directora del Centro PsychGen de Epidemiología Genética y Salud Mental del Instituto Noruego de Salud Pública.
Más de 30.000 familias analizadas
Para desarrollar el estudio, los investigadores analizaron datos genéticos y fenotípicos de más de 30.000 familias formadas por madre, padre e hijo procedentes de dos grandes biobancos europeos: la Cohorte Noruega de Madre, Padre e Hijo y el Biobanco de Estonia.
Los científicos estudiaron tres características concretas en los hijos: la estatura, el índice de masa corporal (IMC) y los resultados obtenidos en pruebas escolares nacionales realizadas alrededor de los diez años.
A partir de estos datos, evaluaron qué proporción de las diferencias observadas podía atribuirse al ADN del propio niño, qué parte dependía de la influencia genética de cada progenitor a través del entorno que crea y cuánto estaba relacionado con el origen materno o paterno de determinadas regiones genéticas.
El análisis también tuvo en cuenta que las parejas suelen compartir características similares, como ocurre con la tendencia de las personas altas a emparejarse con otras personas altas, un factor que puede distorsionar los resultados si no se controla adecuadamente.
Implicaciones para la salud
Los resultados muestran que el ADN heredado por el niño sigue siendo el principal factor genético que explica las diferencias observadas en los tres rasgos analizados. Sin embargo, los efectos indirectos procedentes de los padres y los efectos asociados al origen parental también desempeñan un papel relevante.
Según los autores, ambos factores combinados tienen una importancia comparable a la de la herencia genética directa, por lo que ignorarlos ofrece una visión incompleta de cómo los genes influyen en las características humanas.
Además, el estudio identificó que muchas de las mismas regiones genéticas participan tanto en los efectos directos como en los indirectos.
Los investigadores consideran que estos hallazgos pueden ayudar a comprender mejor cómo interactúan los factores genéticos y ambientales en el desarrollo humano y en el riesgo de enfermedades.
También podrían aportar nuevas claves para estudiar trastornos mentales, enfermedades metabólicas y otras patologías complejas en las que intervienen múltiples factores biológicos y ambientales.
«Nuestros hallazgos refuerzan la idea de que la relación entre genes y rasgos es realmente compleja, lo cual tiene importantes implicaciones para la interpretación de la investigación genética», señala Robinson.
El nuevo método también podría facilitar la identificación de regiones genéticas con un efecto directo más claro sobre los individuos, algo especialmente relevante para el desarrollo de tratamientos personalizados.
«En definitiva, nuestro método nos permite determinar si un efecto genético está asociado únicamente al ADN de uno de los padres y no al del propio hijo», afirma Krätschmer.
Pistas sobre la impronta genética
Otro de los hallazgos del estudio apunta a que la impronta genética, el mecanismo biológico responsable de que algunos genes se comporten de forma distinta según procedan de la madre o del padre, podría ser mucho más frecuente de lo que se pensaba hasta ahora.
«Curiosamente, nuestros resultados sugieren que la impronta genética podría estar muy extendida en los humanos, lo cual es sorprendente, ya que los mecanismos subyacentes aún no se comprenden del todo», concluye Robinson.
Los investigadores consideran que el método desarrollado abre una nueva vía para comprender mejor cómo los genes y el entorno familiar interactúan a lo largo de generaciones y cómo esta relación influye en la salud y el desarrollo de las personas.