Un paciente con Parkinson
¿Por qué la enfermedad de Parkinson afecta más a los hombres que a las mujeres?
Un estudio revela diferencias en la actividad genética en el cerebro
La enfermedad de Parkinson afecta a unos 9,4 millones de personas en todo el mundo y su incidencia continúa aumentando a medida que envejece la población. Aunque cerca del 90 % de los casos se atribuyen a una combinación de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida, todavía se desconocen muchos de los mecanismos que desencadenan la enfermedad.
Una de las cuestiones que más intriga a los científicos es por qué el párkinson es entre 1,5 y 2 veces más frecuente en los hombres que en las mujeres. Además, ellos suelen experimentar un deterioro cognitivo más rápido y una progresión más acelerada de la enfermedad.
Una investigación presentada en el Foro de la Federación de Sociedades Europeas de Neurociencia (FENS) aporta ahora nuevas pistas al identificar diferencias celulares y genéticas entre ambos sexos que podrían explicar estas desigualdades y abrir la puerta a tratamientos más personalizados.
El papel del sexo en el Parkinson
La profesora Julia Schulze-Hentrich, catedrática del Departamento de Genética y Epigenética de la Universidad de Saarland (Alemania), explica en un documento al que ha tenido acceso El Debate que «la mayor prevalencia de la enfermedad de Parkinson en hombres sugiere que la biología dependiente del sexo puede influir en la vulnerabilidad. Por lo tanto, el estudio de las diferencias de sexo puede ayudar a identificar mecanismos de la enfermedad que quedarían ocultos en análisis que agrupan a hombres y mujeres».
La composición genética de una persona influye en estos cambios de metilación del ADN
En un trabajo previo, su equipo ya había observado diferencias llamativas en la metilación del ADN —un mecanismo que regula la actividad de los genes sin modificar su secuencia— al analizar muestras de sangre de trabajadores agrícolas con enfermedad de Parkinson.
«Estos hallazgos sugieren que la composición genética de una persona influye en estos cambios de metilación del ADN, y que la interacción con la exposición a factores ambientales, como los pesticidas, también puede contribuir al desarrollo de la enfermedad de Parkinson», señala la investigadora.
Qué ocurre en el cerebro
En esta nueva investigación, los científicos analizaron muestras cerebrales post mortem de 73 personas con Parkinson y las compararon con las de 24 personas sin la enfermedad.
El objetivo era conocer cómo cambia la actividad de los genes en distintos tipos de células cerebrales, como neuronas, astrocitos, oligodendrocitos y microglía.
«Analizamos las diferencias en la expresión génica de forma individual en todas las células del cerebro (...) tanto en cerebros sanos como en cerebros con enfermedad de Parkinson en hombres y mujeres», explica Schulze-Hentrich.
Los investigadores comprobaron que todas las células cerebrales mostraban una respuesta común al estrés, activando proteínas conocidas como chaperonas, encargadas de ayudar al correcto plegamiento de otras proteínas dañadas.
Sin embargo, también encontraron diferencias relevantes entre hombres y mujeres. En los astrocitos observaron cambios en los genes relacionados con el funcionamiento de las mitocondrias, responsables de producir energía para las células. En los oligodendrocitos, las diferencias afectaban a genes implicados en la formación y mantenimiento de la mielina, la capa que protege las fibras nerviosas.
Hacia tratamientos personalizados
«Esto demuestra que la enfermedad de Parkinson desencadena ciertas 'respuestas de estrés' comunes en las células cerebrales de todas las personas, pero también existen diferencias entre hombres y mujeres a nivel celular, especialmente en la forma en que las células de soporte del cerebro gestionan la energía y protegen las conexiones nerviosas», afirma la investigadora.
A su juicio, estos hallazgos ayudan a entender por qué la enfermedad evoluciona de forma distinta en hombres y mujeres.
«Nuestros hallazgos ayudan a explicar por qué los síntomas y la progresión de la enfermedad de Parkinson difieren entre hombres y mujeres. En última instancia, podrían conducir a tratamientos más personalizados en lugar de tratar a todos los pacientes con Parkinson como si fueran biológicamente idénticos», añade.
La profesora insiste además en que los futuros estudios deberían analizar los datos por separado según el sexo: «Es crucial reconocer que la biología varía entre los sexos en la investigación sobre la enfermedad de Parkinson y que, siempre que sea posible, los investigadores deberían analizar los datos por separado para hombres y mujeres en lugar de agruparlos a todos», subraya.