La risa es una señal social universal que nos conecta con los demás

La risa es una señal social universal que nos conecta con los demásGetty/ Carlo prearo

El cerebro no se ríe igual cuando la risa es espontánea que cuando es voluntaria

La risa constituye una de las formas de comunicación social más universales y desempeña un papel esencial en las relaciones humanas. Sin embargo, los mecanismos cerebrales que la generan siguen sin conocerse del todo, en gran medida porque resulta complicado inducir una risa auténtica en condiciones de laboratorio.

Una revisión publicada en la revista Trends in Neurosciences, de Cell Press, analiza informes médicos de procedimientos en los que se estimula eléctricamente el cerebro de pacientes conscientes. Estas intervenciones pueden provocar episodios involuntarios de risa, lo que ofrece a los investigadores la oportunidad de identificar las regiones cerebrales implicadas en este comportamiento.

A partir del análisis de estos informes, junto con estudios clínicos y experimentales en animales, los autores plantean la existencia de dos circuitos neuronales diferenciados: uno relacionado con la risa espontánea y otro con la risa voluntaria, habitual en las conversaciones.

Los científicos llevan años distinguiendo ambos tipos de risa en personas sanas. «Piensa en la última vez que te reíste sin parar», dice la autora Sophie Scott, del University College London, en Londres, Reino Unido. «Algo te hizo reír a carcajadas y te descontrolaste».

Risa espontánea versus voluntaria

Este tipo de risa, explica la investigadora, surge de forma espontánea, involuntaria –como puede ser la risa nerviosa–y, en ocasiones, resulta difícil de controlar. Además, puede estar vinculada a determinados trastornos convulsivos, alteraciones del estado de ánimo, la enfermedad de Alzheimer o la esquizofrenia.

Frente a ella se encuentra la risa voluntaria. «Es la risa más común», dice Scott. «Está sincronizada con una precisión increíble. Si observas a la gente conversando, se reirán juntos al final de una frase y luego respirarán al unísono».

«Cuando las personas conversan, la risa voluntaria comienza y termina muy rápidamente», afirma Scott. Esta coordinación tan precisa refleja un nivel de control que no está presente en la risa espontánea.

Para comprender qué circuitos cerebrales participan en cada modalidad, el equipo examinó estudios realizados durante procedimientos prequirúrgicos en pacientes con epilepsia. En estas intervenciones, los médicos estimulan eléctricamente distintas zonas cerebrales mientras los pacientes permanecen despiertos, con el fin de delimitar las áreas que serán operadas.

Estas estimulaciones suelen desencadenar episodios de risa involuntaria, permitiendo a los pacientes describir en tiempo real las sensaciones experimentadas.

Tras revisar estos trabajos, los investigadores propusieron dos redes neuronales diferenciadas. La primera, asociada a la risa espontánea, incluye regiones vinculadas al control motor y la regulación emocional, entre ellas la corteza cingulada anterior pregenual, el núcleo accumbens y el polo temporal. La activación de estas áreas suele ir acompañada de emociones positivas como euforia, alegría o mejora del estado de ánimo.

Por su parte, la red relacionada con la risa voluntaria engloba estructuras implicadas principalmente en el control motor de la risa y la sonrisa, como el opérculo rolándico, el globo pálido y el área motora suplementaria. Su estimulación induce la risa, aunque sin generar necesariamente sensaciones placenteras.

Los autores sostienen que la red espontánea podría representar una vía evolutivamente más antigua, originada durante las interacciones lúdicas de los animales. En este contexto, las vocalizaciones semejantes a la risa habrían servido para reducir la agresividad y reforzar los vínculos sociales. Esta hipótesis coincide con investigaciones recientes que muestran que diversas especies de mamíferos emiten sonidos comparables a la risa durante sus interacciones sociales.

La red voluntaria presenta una importante superposición con las áreas cerebrales implicadas en el habla

En cambio, la red voluntaria presenta una importante superposición con las áreas cerebrales implicadas en el habla, lo que respalda su papel en la risa conversacional y socialmente dirigida.

Más allá de mejorar la comprensión de los trastornos neurológicos y psiquiátricos en los que la risa se ve alterada, los investigadores consideran que estos hallazgos podrían servir «como una especie de piedra Rosetta para descifrar múltiples aspectos de la comunicación y el uso social de las vocalizaciones», particularmente en el contexto de la lingüística y el análisis de la conversación, afirma el autor Fausto Caruana, del Consejo Nacional de Investigación de Italia, en Parma, Italia.

Analgésico natural

Asimismo, los científicos destacan el posible papel de la risa en la modulación del dolor. «El papel de estos circuitos en la modulación del dolor también resulta fascinante», afirma Caruana. Diversas investigaciones han demostrado que la risa puede actuar como un analgésico natural. De hecho, la corteza cingulada anterior —identificada en esta revisión como parte de la red de la risa espontánea— desempeña un papel relevante en los mecanismos cerebrales implicados en la reducción del dolor.

«Nos interesa seguir investigando el papel analgésico de la risa y los circuitos neuronales que la sustentan», afirma Caruana.

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