Lámpara de fototerapia
La ciencia avala la fototerapia: la luz artificial mejora el descanso y la actividad diaria
Aumentar la iluminación interior podría ayudar a favorecer un envejecimiento saludable en los adultos mayores de las zonas urbanas
Las lámparas de fototerapia podrían convertirse en una herramienta sencilla y de bajo coste para mejorar el sueño y los ritmos circadianos de los adultos mayores que viven en ciudades con poca exposición a la luz natural. Así lo apunta un nuevo estudio de la Universidad de Surrey, publicado en Journal of Pineal Research, que ha analizado por primera vez estos efectos en condiciones de vida cotidiana.
La investigación, desarrollada en el marco del proyecto europeo ENLIGHTENme, muestra que la suplementación con luz mediante lámparas de alta luminosidad puede favorecer los niveles de actividad y contribuir a una mejor organización de los ciclos de sueño y vigilia en personas mayores.
Hasta ahora, los beneficios de este tipo de dispositivos se habían observado principalmente en estudios realizados en laboratorio. En ellos, se había comprobado que una exposición adecuada a la luz puede ayudar a reducir la desincronización de los ritmos circadianos, un problema que, cuando se mantiene en el tiempo, puede relacionarse con alteraciones del sueño, desequilibrios hormonales y un mayor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
El reto era comprobar si esos resultados se mantenían en la vida real, donde la exposición a la luz depende también de factores como los hábitos diarios, la vivienda o la movilidad de cada persona.
«La exposición a la luz diurna es crucial para regular nuestros ritmos circadianos y nuestros patrones de sueño; sin embargo, a menudo los adultos mayores en áreas urbanas, debido al deterioro de su visión o quizás a problemas de movilidad que les impiden salir al exterior, no reciben esta exposición a una buena luz, lo que puede provocar problemas de sueño y de salud, aumentando su riesgo de padecer enfermedades crónicas», explica el Dr. Daan van Der Veen, profesor titular de sueño y cronobiología de la Universidad de Surrey.
Ancianos de tres ciudades europeas
Para estudiar el efecto de la fototerapia en condiciones reales, los investigadores reclutaron a más de 200 personas de entre 63 y 92 años procedentes de Tartu, Bolonia y Ámsterdam. La elección de estas tres ciudades permitió además comparar entornos con diferentes condiciones de luz natural y culturas distintas.
«Nos entusiasma que los resultados que hemos obtenido en estudios de laboratorio con personas mayores se estén replicando ahora en condiciones de la vida real, con distintos niveles de luz natural y en diferentes culturas», señala la profesora Debra Skene, catedrática de Neuroendocrinología de la Universidad de Surrey.
Antes de comenzar la intervención, los participantes fueron sometidos a dos semanas de evaluación. Después se dividieron en dos grupos: uno recibió una lámpara de fototerapia y otro actuó como grupo de control y no utilizó ninguna lámpara.
Fototerapia
A quienes recibieron el tratamiento se les pidió que colocaran el dispositivo de una determinada manera:
- A la altura de la cabeza en la habitación de la vivienda donde pasaban más tiempo.
- La indicación era encenderlo una hora después de despertarse y apagarlo, como máximo, cuatro horas antes de la hora habitual de acostarse.
- Rutina que se mantuvo durante 12 semanas.
Para conocer con precisión los hábitos de los participantes, todos llevaron un dispositivo de actigrafía en la muñeca, capaz de registrar sus niveles de actividad, y un sensor de luz colgado del cuerpo para medir la exposición lumínica. Además, el estudio se repitió en distintas estaciones del año para tener en cuenta las variaciones de la luz natural.
La luz natural marca la diferencia
Los resultados mostraron que las personas que al comienzo del estudio estaban más expuestas a la luz natural presentaban durante el día una actividad física significativamente mayor. También tenían periodos de vigilia más consolidados y referían una mejor calidad del sueño que aquellos participantes con una menor exposición lumínica.
El momento del día en que se utilizaba la lámpara también parecía ser relevante. Los participantes considerados «madrugadores» o «alondras» que comenzaban la suplementación lumínica más temprano por la mañana mostraron mayores niveles de actividad durante el día y unos ritmos de actividad y descanso menos fragmentados que quienes iniciaban la exposición más tarde.
Del mismo modo, las personas que terminaban antes la suplementación, y por tanto reducían la exposición a la luz durante las horas de la tarde, presentaban una menor fragmentación del ciclo de actividad y descanso.
Los investigadores analizaron además los datos recogidos al inicio del estudio y encontraron una relación entre la exposición a la luz y la salud metabólica. Los participantes que habían comunicado trastornos metabólicos —entre ellos hipertensión, diabetes, obesidad o enfermedades cardiovasculares— presentaban niveles de exposición total a la luz significativamente inferiores a los de quienes no habían informado de este tipo de problemas.
Intervención no farmacológica
Para el equipo de Surrey, los resultados refuerzan la posibilidad de utilizar la luz como una herramienta complementaria para favorecer un envejecimiento saludable, especialmente entre las personas mayores que tienen dificultades para acceder a una exposición suficiente a la luz natural.
«Lo que hemos descubierto es que la administración temprana de suplementos de luz mejora significativamente los niveles de actividad y reduce la fragmentación del ciclo de descanso-actividad en adultos mayores», afirman los investigadores en el informe.
«Este es un descubrimiento fascinante que aporta evidencia real de que la luz es una intervención sencilla, no farmacológica y potencialmente rentable, que, desde la perspectiva de la salud pública, podría contribuir a un envejecimiento saludable. Estos hallazgos ponen de manifiesto una clara oportunidad para que los responsables políticos integren la suplementación estructurada de luz en interiores en los programas de atención comunitaria y en las directrices para residencias de ancianos».