Dolor de cabeza

Dolor de cabezaGetty/ Marc Calleja Lopez

La razón por la que correr o toser pueden aumentar tu dolor de cabeza

Activar los músculos centrales mediante el movimiento, el ejercicio o incluso acciones involuntarias como toser podría desempeñar un papel importante en la regulación del flujo sanguíneo cerebral. Un nuevo estudio realizado por investigadores de Penn State, en ratones, ha identificado una conexión entre la contracción de los músculos abdominales y los cambios rápidos en la circulación dentro del cerebro.

Según los investigadores, al moverse, la contracción de los músculos abdominales aumenta la presión en los vasos sanguíneos conectados con el cerebro a través de la columna vertebral. Este aumento de presión provoca contracciones ultrarrápidas de algunas de las principales venas cerebrales, lo que incrementa momentáneamente el flujo sanguíneo.

Los resultados, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), podrían ayudar a comprender mejor la relación entre el movimiento y la salud cerebral y aportar nuevas pistas sobre por qué algunas migrañas y cefaleas pueden empeorar con el movimiento.

Caminar, correr, respirar o toser modifica constantemente el estado mecánico del organismo. Según los investigadores, estos movimientos pueden alterar la presión en diferentes partes del cuerpo y, en consecuencia, influir también en la circulación cerebral.

El estudio plantea así que el flujo sanguíneo del cerebro no está regulado únicamente por señales generadas localmente, sino que también puede responder a las fuerzas mecánicas producidas en otras zonas del organismo.

El profesor Qingguang Zhang, autor del estudio explica: «Si bien el cerebro puede estar protegido dentro del cráneo, no está aislado de las fuerzas mecánicas generadas por el resto del cuerpo». El profesor de fisiología en la Universidad Estatal de Michigan añade: «Nos sorprendió la rapidez y la constancia con que las venas respondían al movimiento. El cerebro suele estudiarse como si su circulación estuviera regulada independientemente del resto del cuerpo. Nuestros hallazgos demuestran que las señales mecánicas generadas por el cuerpo pueden tener consecuencias inmediatas para la circulación dentro del cráneo».

Aunque el trabajo se realizó en ratones, el equipo señala que las estructuras fisiológicas implicadas son muy similares en humanos. Los investigadores plantean que la relación entre la contracción abdominal, el movimiento y el flujo sanguíneo cerebral podría ser similar en nuestra especie, aunque serán necesarios estudios específicos para comprobarlo.

El papel de las venas cerebrales

Patrick Drew, profesor de biología, ingeniería, mecánica, neurocirugía e ingeniería biomédica en Penn State y líder del equipo de investigación, compara la regulación del flujo sanguíneo con el funcionamiento del sistema de agua de una ciudad.

«El sistema de agua de una ciudad debe ser capaz de satisfacer las diferentes necesidades de uso de un edificio de apartamentos, una vivienda unifamiliar o incluso un estadio lleno en día de partido», afirma Drew quien añade: «El flujo sanguíneo en el cuerpo debe controlarse con precisión porque los diferentes órganos necesitan diferentes cantidades de sangre en diferentes momentos».

En el cerebro, las regiones que están activas necesitan un mayor aporte sanguíneo que las zonas que no están siendo utilizadas. Este control depende de arterias, capilares y venas.

Las arterias transportan sangre oxigenada desde los pulmones hasta los capilares, donde se produce el intercambio de oxígeno y nutrientes por dióxido de carbono y productos de desecho. Posteriormente, la sangre regresa hacia los pulmones a través de las venas.

Los investigadores observaron que la contracción de las venas cerebrales estaba relacionada con la activación de los músculos abdominales durante el movimiento normal de los ratones.

Mientras que las arterias pueden contraerse en una escala temporal de uno o varios segundos, los investigadores observaron que las venas estudiadas respondían mucho más rápido. En concreto, se contrajeron en aproximadamente una décima de segundo después de la activación de los músculos abdominales.

«Las venas no son simples conductos pasivos», afirmó Zhang. «Cuando pensamos en la regulación del flujo sanguíneo cerebral, solemos centrarnos en las arterias. Nuestros resultados ponen de relieve la otra cara de la circulación. Lo que le sucede a la sangre al salir del cerebro puede ser igual de dinámico y fisiológicamente importante».

Conexión con las migrañas

Las venas estudiadas se encuentran en la duramadre, la membrana que rodea y protege el cerebro. Aunque el tejido cerebral en sí no tiene receptores del dolor, la duramadre sí contiene receptores que se consideran relacionados con los dolores de cabeza y las migrañas.

Los investigadores plantean que los cambios en el movimiento y el flujo sanguíneo podrían influir en estos mecanismos, aunque el estudio no demuestra que esta conexión sea la causa de las migrañas ni de que el ejercicio las desencadene.

«Nos interesa comprender los mecanismos fundamentales que controlan el flujo sanguíneo en nuestro cerebro», dijo Drew. «Al igual que un buen mecánico debe entender cómo funciona un automóvil para diagnosticar y reparar un problema en su motor, queremos comprender el flujo sanguíneo en el cerebro para que en el futuro sea más fácil reconocer los problemas y, potencialmente, desarrollar tratamientos y curas».

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