Josep Maria Martínez, vicepresidente de la Federación Española del Hígado (FEH)

Josep Maria Martínez, vicepresidente de la Federación Española del Hígado (FEH)

Entrevista

Josep Maria Martínez: «Tener un peso normal y encontrarse bien no excluye el hígado graso»

El vicepresidente de la Federación Española del Hígado explica los detalles de esta enfermedad que afecta a más de 10 millones de personas en España

El hígado graso afecta a más de 10 millones de personas en España –aproximadamente el 25 % de la población general–, según las estimaciones de la Guía de Práctica Clínica de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). Josep Maria Martínez Rodríguez preside la Asociación Catalana del Hígado y vicepresidente de la Federación Española del Hígado (FEH), trabaja para promover la prevención, el diagnóstico precoz y la mejora de la calidad de vida de las personas con enfermedades hepáticas.

Con más de 25 años de trayectoria profesional en el ámbito sanitario y su experiencia personal como paciente trasplantado de hígado, Martínez Rodríguez combina el conocimiento del sector con una perspectiva centrada en las necesidades de los pacientes. Su compromiso con la defensa de los derechos de las personas con discapacidad orgánica también guía su labor, orientada a fomentar alianzas que contribuyan a mejorar la salud y favorecer la inclusión social.

–Según el Barómetro del Hígado Graso en España, más de 10 millones de personas podrían tener hígado graso, pero el 55 % de la población no sabe bien qué es. ¿Por qué cree que existe tanto desconocimiento sobre esta enfermedad?

–Creo que durante mucho tiempo hemos hablado demasiado poco del hígado y, cuando lo hemos hecho, casi siempre ha sido en relación con el alcohol. Eso ha dejado fuera de la conversación otras causas de enfermedad hepática y ha contribuido a que muchas personas crean que este problema no les afecta.

Además, la expresión hígado graso puede transmitir una sensación de poca importancia. Si una persona escucha ese diagnóstico, pero no recibe una explicación sobre su significado y el seguimiento que necesita, es fácil que lo minimice.

Necesitamos explicar mejor la enfermedad y mantener esa información en el tiempo

Desde la Federación Española del Hígado impulsamos este barómetro, con el apoyo institucional de Madrigal mediante una colaboración independiente, para conocer esas lagunas de información y orientar nuestras acciones. Los resultados nos interpelan a todos: asociaciones, profesionales sanitarios, administraciones y medios de comunicación. Necesitamos explicar mejor la enfermedad y mantener esa información en el tiempo.

–El 87 % de los encuestados cree que el hígado sirve principalmente para procesar el alcohol. ¿Qué otras funciones importantes tiene y por qué deberíamos conocerlas?

–El hígado transforma y almacena nutrientes, ayuda a regular el azúcar en sangre, produce bilis para la digestión y fabrica proteínas esenciales, entre ellas algunas necesarias para la coagulación. También interviene en el procesamiento de medicamentos y otras sustancias.

Conocer estas funciones ayuda a entender por qué su salud afecta a todo el organismo. Me preocupa que una persona piense: «Como no bebo, no tengo que preocuparme por el hígado». Esa asociación tan limitada puede generar una falsa tranquilidad.

Como paciente trasplantado, soy muy consciente de lo que significa depender del funcionamiento de este órgano. Me gustaría que la población conociera su importancia antes de que aparezca un problema de salud.

–El hígado graso puede avanzar sin dar síntomas y el 35 % de la población lo desconoce. ¿Por qué es tan difícil detectar esta enfermedad a tiempo?

Porque puede existir daño sin molestias claras que lleven a consultar. Además, unas transaminasas normales no descartan por sí solas una enfermedad relevante.

A esa dificultad se suma la falta de información. Si una persona cree que una enfermedad siempre tiene que doler o producir síntomas evidentes, difícilmente preguntará por algo que desconoce y que no siente.

Encontrarse bien no sustituye la valoración del riesgo

Por eso debemos explicar que encontrarse bien no sustituye la valoración del riesgo. Desde las asociaciones pedimos que, cuando se detecte hígado graso, el paciente reciba una explicación comprensible y un plan de seguimiento. Saber qué ocurre y qué se va a hacer ayuda a evitar tanto la despreocupación como la angustia innecesaria.

–¿Qué pueden hacer los médicos de atención primaria para detectar antes el hígado graso y evitar que la enfermedad avance sin que el paciente lo sepa?

–Identificar a las personas con mayor riesgo, especialmente aquellas con diabetes tipo 2 u obesidad acompañada de otros factores metabólicos. Para valorar el riesgo de fibrosis existen herramientas como el FIB-4 y, cuando corresponde, la elastografía y la derivación al especialista.

Desde nuestra perspectiva, es fundamental que los equipos de atención primaria tengan tiempo, formación y acceso a esos recursos. Necesitamos circuitos que permitan saber a quién evaluar, cuándo derivar y cómo continuar el seguimiento.

También es importante cómo se comunica el diagnóstico. El paciente debería salir de la consulta entendiendo qué significa, qué cambios puede empezar a hacer y cuándo tendrá una nueva valoración. Las asociaciones podemos reforzar esa información y ofrecer acompañamiento.

–¿Qué puede ocurrir si el hígado graso no se detecta y se trata a tiempo? ¿Cómo puede afectar a la salud y a la calidad de vida de los pacientes?

–En una parte de los pacientes puede progresar a inflamación, fibrosis y cirrosis, con complicaciones como insuficiencia hepática o cáncer de hígado. Algunas personas llegan a necesitar un trasplante. No es una evolución inevitable.

La repercusión en la vida de una persona también depende del estadio de la enfermedad y de sus circunstancias. En fases avanzadas puede afectar a su autonomía, su actividad laboral y sus relaciones familiares. A ello se añade el impacto emocional de convivir con la incertidumbre.

Como persona trasplantada, sé lo que significa que una enfermedad hepática cambie tu vida y la de quienes te acompañan

Como persona trasplantada, sé lo que significa que una enfermedad hepática cambie tu vida y la de quienes te acompañan. Por eso insisto en la detección temprana, pero también en el apoyo psicológico y social. Debemos atender tanto la enfermedad como las necesidades que aparecen alrededor de ella.

–El 92 % de los encuestados cree que el paciente es responsable de tener hígado graso. ¿Por qué existe esta idea y cómo puede perjudicar a las personas que tienen la enfermedad?

–Creo que nace de una explicación demasiado simplificada: asociar la enfermedad exclusivamente con comer mal o moverse poco. Los hábitos influyen, pero también intervienen factores metabólicos y genéticos. Y las posibilidades de cuidarse están condicionadas por la situación económica, el trabajo, el entorno y la salud emocional.

Cuando convertimos el diagnóstico en un reproche, podemos hacer que una persona sienta vergüenza, oculte sus dificultades o evite pedir ayuda

Cuando convertimos el diagnóstico en un reproche, podemos hacer que una persona sienta vergüenza, oculte sus dificultades o evite pedir ayuda. Además, alguien puede interpretar que, si no consigue mejorar, es porque no se está esforzando lo suficiente.

Debemos promover la participación del paciente en su cuidado desde el respeto. Para mantener cambios difíciles hacen falta información, objetivos realistas y apoyo profesional. Culpabilizar no ofrece ninguna de esas herramientas.

–¿Cree que en España se está haciendo lo suficiente para detectar el hígado graso? ¿Qué medidas serían necesarias para mejorar su diagnóstico y prevenir los casos más graves?

Desde la Federación creemos que necesitamos una respuesta más sistemática. El barómetro muestra una importante necesidad de información, aunque por sí solo no permite medir cuántos casos deja de detectar el sistema sanitario.

Nuestra propuesta es reforzar la atención primaria, facilitar los circuitos de evaluación y derivación y asegurar la continuidad del seguimiento. También necesitamos campañas públicas sostenidas que expliquen quién puede estar en riesgo y por qué merece atención esta enfermedad.

Nuestra propuesta es reforzar la atención primaria, facilitar los circuitos de evaluación y derivación y asegurar la continuidad del seguimiento

Además, pedir cambios de hábitos debe ir acompañado de recursos para mantenerlos. Nos gustaría que el acceso a orientación nutricional, actividad física adaptada y apoyo emocional formara parte de una atención coordinada. Y que las asociaciones participáramos en el diseño de esos programas, aportando las necesidades que nos trasladan los pacientes.

– ¿Qué mensaje le daría a la población sobre el hígado graso? ¿Qué debería hacer una persona que se encuentra bien, no tiene sobrepeso y cree que no corre riesgo de padecerlo?

Le diría que conocer su salud hepática merece la misma atención que conocer su tensión arterial o su glucosa. Tener un peso normal y encontrarse bien no excluye el hígado graso.

Eso no significa que todo el mundo necesite pruebas específicas. Significa que conviene comentar con su profesional sanitario sus antecedentes y factores de riesgo, para que valore si necesita alguna evaluación.

Conocer su salud hepática merece la misma atención que conocer su tensión arterial o su glucosa

También le pediría que, si recibe un diagnóstico, pregunte qué significa y qué seguimiento necesita. Que no se quede únicamente con el nombre de la enfermedad ni con información encontrada en redes sociales. Desde las asociaciones queremos que cada persona pueda comprender su situación y participar en su cuidado sin miedo ni culpa.

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