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Un crucero en el puerto de Lisboa

Un crucero en el puerto de LisboaEuropa Press

Súper Mario, el hombre feliz que lleva 25 años viviendo en cruceros: «He perdido mis piernas terrestres»

Salcedo invierte anualmente cerca de 100.000 euros en su estilo de vida a bordo de lujosos cruceros, siempre asegurándose de reservar un camarote con balcón para disfrutar de las vistas al mar

Los cruceros se han consagrado en los últimos años como una de las opciones vacacionales estrella. Mario Salcedo, conocido como 'Súper Mario' o 'el hombre más feliz del mundo, ha hecho de este modo de viajar y conocer mundo su forma de vida. Este cubano afincado en Miami lleva desde el año 2000 viviendo de crucero en crucero y todavía no tiene intención de volver a tierra firme.

«No tengo hipoteca, no tengo que sacar la basura, no tengo que limpiar… Ahora tengo todo el tiempo del mundo para hacer lo que quiero hacer», afirma Salcedo en un documental de la periodista del New York Times, Lace Oppenheim.

Salcedo invierte anualmente cerca de 100.000 euros en su estilo de vida a bordo de lujosos cruceros, siempre asegurándose de reservar un camarote con balcón para disfrutar de las vistas al mar. Lo más sorprendente es que logra financiar estos viajes a través de diversas gestiones realizadas mientras está a bordo, lo que le permite sostener su peculiar forma de vida sin interrupciones.

«Vivir la vida en un crucero es básicamente escapar de la realidad: sales del mundo que conoces y dices, no quiero ser parte de ese mundo nunca más. Quiero crear mi propio mundo, mi propia realidad», relata en la cinta.

No obstante, vivir más de dos décadas en un crucero con apenas contacto con tierra firme no ha estado exento de efectos secundarios. Con el paso de los años, Salcedo ha desarrollado un trastorno neurológico poco común conocido como mal de desembarque. Esta condición provoca una persistente sensación de balanceo, oscilación o movimiento, incluso cuando la persona se encuentra en un entorno estable. «He perdido mis piernas terrestres», afirma.

A diferencia del mareo por movimiento, que ocurre durante el trayecto, el mal de desembarque se manifiesta una vez que el individuo regresa a tierra, haciendo que caminar sobre suelo firme resulte una experiencia inusual y desconcertante. Este fenómeno suele afectar a quienes han pasado largos periodos en entornos con movimiento constante, como barcos, aviones o trenes, y en algunos casos, la sensación puede prolongarse durante semanas, meses o incluso volverse crónica.

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