Bebé recién nacido con su mamá
Un estudio cuestiona la base científica del llamado síndrome del bebé sacudido
El investigador apunta al episodio de Anabel Pantoja y su hija como ejemplo ilustrativo de cómo una mera interpretación médica puede desembocar en una sospecha grave
Un equipo internacional de investigadores, bajo la dirección de Chris Brook, profesor de la Universidad de La Laguna en Tenerife (Canarias), ha puesto en tela de juicio la validez científica del diagnóstico conocido como síndrome del bebé sacudido (SBS, por sus siglas en inglés), también denominado trauma craneal abusivo (TCA). El estudio alerta de que esta categoría diagnóstica, basada en suposiciones no verificadas, puede conllevar consecuencias de extrema gravedad, como la retirada de custodia, acusaciones penales o incluso condenas de prisión injustificadas.
Los autores del trabajo, publicado en la revista Forensic Science International: Synergy, reclaman una revisión científica independiente del fundamento diagnóstico del SBS. A su juicio, resulta urgente establecer criterios clínicos claros, sustentados en evidencia contrastada y libre de sesgos. Así lo ha expresado la Universidad de La Laguna en un comunicado difundido tras la publicación del artículo.
La investigación se centra en un examen crítico del Informe Técnico 2025 de la Academia Americana de Pediatría (AAP), referencia fundamental a escala internacional en la evaluación del TCA/SBS. Según el análisis del equipo dirigido por Brook, la evidencia en la que se basa este informe presenta numerosas deficiencias, entre las que destacan el uso de razonamientos circulares y la falta de criterios objetivos.
«Lo que se presenta como evidencia científica para diagnosticar el síndrome del bebé sacudido es un reciclaje de las mismas suposiciones no probadas», denuncia Brook, quien recuerda el reciente caso de la influencer Anabel Pantoja y su pareja, David Rodríguez. Ambos fueron acusados de haber agredido a su hija en Gran Canaria, aunque la causa fue archivada. El investigador apunta a este episodio como ejemplo ilustrativo de cómo una mera interpretación médica puede desembocar en una sospecha grave. «Casos como ese muestran con qué rapidez puede surgir una sospecha, basándose puramente en la interpretación médica», advierte Brook. «Nuestros hallazgos indican que esas interpretaciones carecen de un respaldo científico fiable».
El estudio identifica múltiples deficiencias en los trabajos utilizados para sostener el diagnóstico clínico del SBS. En concreto, se constata que el 71 % de los estudios citados por la AAP clasifican los casos en función de la opinión de expertos o comités multidisciplinares, sin emplear criterios objetivos validados. Además, ningún estudio analizado consigue evitar adecuadamente el razonamiento circular: los mismos síntomas que se toman como indicios del SBS se utilizan, a su vez, para confirmar el diagnóstico, lo que impide establecer una verificación científica real.
Los investigadores también cuestionan los estudios que se basan en supuestas confesiones de los padres o cuidadores, ya que estas declaraciones suelen producirse después de que hayan sido informados de las acusaciones médicas. Esta circunstancia introduce un sesgo de selección considerable, que afecta a la fiabilidad de las conclusiones.
En cuanto a los casos de sacudidas documentadas por testigos presenciales o grabaciones en vídeo, el estudio señala que son excepcionales. Además, cuando se han podido constatar, no han producido las lesiones atribuidas habitualmente al síndrome del bebé sacudido.
Los autores advierten de que el uso de supuestos diagnósticos no validados pone en riesgo tanto a los menores como a sus familias. Según afirman, este enfoque puede llevar a la separación de bebés de hogares que no presentan indicios de abuso, así como a imputaciones penales erróneas.
«Una sospecha de síndrome del bebé sacudido es una de las acusaciones más graves que puede enfrentar una familia», subraya Brook. A su juicio, un diagnóstico de tal envergadura «debe basarse en evidencia robusta y, actualmente, no es así».
En el estudio han participado investigadores de las universidades de Griffith (Australia), University College London (Reino Unido), Umeå (Suecia), Otago (Nueva Zelanda) y Western University (Estados Unidos), además de la Universidad de La Laguna. El trabajo conjunto pone de manifiesto la preocupación creciente en la comunidad científica por los posibles errores judiciales derivados de un diagnóstico clínico que, según estos expertos, aún carece del respaldo empírico necesario para su aplicación forense.