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Doctor Chiva, médico, cirujano y ginecólogo oncológico español. Director del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de NavarraManuel Herráez

«Vimos una imagen sospechosa»: el Dr. Chiva, el ginecólogo que cambió la vida a Cristina y le permitió ser madre

Tras evaluar a la paciente y recibir el diagnóstico, lo presentaron en un comité multidisciplinar con oncólogos, ginecólogos, patólogos

Era junio de 2019, Cristina y Javier se acababan de casar y, como cualquier matrimonio, estaban deseando tener todo aquello con lo que habían soñado. Aunque querían esperar a tener un hijo, para así disfrutar del matrimonio, sabían que querían formar una familia. Todo iba bien, sin embargo, lo que parecía idílico se fue complicando, concretamente, cuando el doctor Luis Chiva, cirujano y ginecólogo oncológico español. le detectó un cáncer de ovario y un precáncer de endometrio.

Todo comenzó en febrero de 2020, ocho meses después de su boda. Cristina recuerda que vivieron todo con muchísima tranquilidad, pues si no era este mes, «sería el siguiente». Pasaron seis meses y aún no había un positivo en el test de embarazo. Al terminar el confinamiento, decidió junto a su marido ir al médico para hacerse una revisión. En ese omento le dijeron que todo iba bien, que en seis meses iba a poder concebir un hijo, pero cuatro años después, seguía sin quedarse embarazada.

Decidieron ir a ver al doctor Chiva y, tras muchos «todo está bien», él supo dar con lo que le pasaba. El también director del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra explica a El Debate que todo ocurrió muy rápido. Dentro del grupo multidisciplinar de fertilidad, en una ecografía de control del ciclo de ovulación, un compañero del doctor vio «una imagen sólida sospechosa en un ovario».

Al principio decidieron esperar, porque era muy infrecuente ver crecer un cáncer. Además, la paciente era joven, con bajo riesgo y buscando embarazo, pero en el siguiente ciclo vieron que «la lesión había crecido, era un quiste con componente sólido». Así, el ginecólogo detalla que las lesiones sospechosas tienen «un patrón claro», por lo que cuando hacen la ecografía Doppler y ven vascularización intensa, «aquello llama la atención».

En ese preciso momento, resalta el doctor Luis Chiva, pararon el proceso de fertilidad y pidieron pruebas complementarias como resonancia magnética, que confirmaba alta sospecha, y PET-TAC, con actividad metabólica elevada: «Ya era una masa claramente sospechosa», asegura.

Tras ello, decidieron realizar una cirugía laparoscópica «muy cuidadosa». Debían extraer la lesión sin romperla, puesto que en cáncer de ovario, si se rompe, cambia el estadio y el pronóstico. Al estudiarlo «anatomía patológica confirmó un tumor, como una pequeña coliflor», rememora el director del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra.

Un comité para decidir su tratamiento

Tras evaluar la paciente y recibir el diagnóstico, lo presentaron en un comité multidisciplinar con oncólogos, ginecólogos, patólogos: «Era un carcinoma endometrioide de ovario en una mujer joven que quería ser madre», por lo que había que hacerlo bien, recalca el ginecólogo. Además, se sospechaba del síndrome de Lynch, que a día de hoy hay muy pocos casos descritos. En este punto, afirma el cirujano, el comité estaba dividido entre cirugía radical o preservación de fertilidad: «Yo estaba en el grupo de intentar un abordaje conservador si la paciente lo deseaba. Y eso hicimos».

En este sentido, el doctor Chiva apunta que, tras la cirugía, «a los tres meses el control mostraba mejoría. A los seis meses no había enfermedad visible». Después del tratamiento hormonal, el ovario se reactivó, y la paciente se quedó embarazada a la primera de forma natural. No solo tuvo una pequeña, sino que hace escases semanas tuvo a su segundo milagro.