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Un niño pequeño expuesto en el útero a la col rizada y un bebé expuesto a la zanahoria. Ambos reaccionan con alegría al olor de la verdura que se les dio antes de nacer, pero como muestra la imagen, lo hacen con disgusto ante la verdura a la que no habían estado expuestos.

El secreto para que los niños coman verduras puede estar en el embarazo

Investigadores han descubierto que los niños pequeños son menos propensos a reaccionar negativamente al olor de las verduras a las que fueron expuestos repetidamente antes de nacer

Es una batalla antiquísima con los niños pequeños que la mayoría de los padres reconocerá: «Por favor, por favor, come tus verduras».

Algunos les leen libros con títulos como 'El niño que amaba el brócoli'. Otros, han llegado a cubrir las verduras con kétchup, o a mezclar aguacate y fruta con yogur griego y llamarlo helado. O recurren directamente al soborno.

Ahora, un estudio sugiere que puede haber un enfoque más eficaz, pero las madres deben empezar temprano, según recoge The Guardian.

Los investigadores han descubierto que los niños pequeños son menos propensos a reaccionar negativamente al olor de las verduras a las que estuvieron expuestos repetidamente antes de nacer.

Las implicaciones podrían ser enormes. La profesora Nadja Reissland, de la Universidad de Durham y autora principal del estudio, dijo que una consecuencia sería «tener una población más sana».

Los investigadores dieron a algunas mujeres embarazadas cápsulas de polvo de col rizada y a otras cápsulas de polvo de zanahoria. Luego examinaron y codificaron las reacciones faciales de sus hijos ante la zanahoria o la col rizada. Esto se hizo primero antes de que el bebé naciera, mediante ecografías, y se repitió después cuando tenían unas tres semanas de vida. Más recientemente, se observó a 12 niños a la edad de tres años.

Las imágenes de un niño expuesto a la zanahoria reaccionando positivamente al olor de un hisopo de algodón impregnado en zanahoria y haciendo una mueca ante el olor de la col rizada dicen mucho.

La reacción de los niños expuestos a la col rizada fue similar: se mostraban contentos al oler col rizada, pero no zanahoria. Reissland dijo que los mismos patrones se repitieron antes del nacimiento, a las tres semanas y a los tres años.

«Memoria duradera del sabor o del olor en los niños»

«Lo que vemos con el tiempo es que los niños siguen mostrando una mayor preferencia por las verduras a las que estuvieron expuestos mientras estaban en el útero. A partir de esto, podemos sugerir que la exposición a un sabor concreto al final del embarazo puede dar lugar a una memoria duradera del sabor o del olor en los niños, lo que potencialmente moldea sus preferencias alimentarias años después del nacimiento».

Reissland dijo que el equipo optó por dar cápsulas de polvo de zanahoria y col rizada después de que algunas de las mujeres embarazadas se resistieran a beber tanto jugo de col rizada o de zanahoria en nombre de la ciencia.

«Algunas dijeron que de ninguna manera. Se atragantaban, no podían hacerlo. Y eso que era un jugo realmente bueno, muy caro».

Reissland reconoció que la investigación, financiada por una subvención de la Universidad de Aston, en Birmingham, incluyó una muestra pequeña de madres y niños. «Realmente necesitamos hacer un estudio mucho más amplio y, si tuviéramos la financiación, lo haríamos».

Dijo que no costaría mucho dar cápsulas de polvo de verduras a las mujeres embarazadas con la esperanza de lograr una población más sana.

La idea también podría adaptarse a diferentes culturas. «Acabo de volver de Japón… donde se consume muchísimo pescado. Es un tipo diferente de alimentación saludable, pero si el feto se acostumbra a esa comida, entonces en etapas posteriores de la vida quizá tenga mucho más interés en comer de manera saludable».

El estudio incluyó a investigadores de universidades de Francia y los Países Bajos, así como de las universidades de Cambridge y Aston en el Reino Unido.

Una de las coautoras, la doctora Beyza Ustun-Elayan, de la Universidad de Cambridge, dijo: «Estos hallazgos abren nuevas formas de pensar sobre las intervenciones dietéticas tempranas, al sugerir que los sabores de la dieta materna durante el embarazo pueden moldear silenciosamente las respuestas de los niños a los alimentos años después».

Otro coautor, el doctor Benoist Schaal, del CNRS —Centro Nacional de Investigación Científica— en Francia, dijo: «Este estudio confirma que los fetos humanos pueden percibir los sabores de los alimentos que comen las madres embarazadas, lo que podría afectar lo que les gustará durante años después del nacimiento. Se necesita investigar otros olores y cómo afectan al feto y al niño».

Reissland dijo que todavía queda mucho por aprender sobre qué afecta al feto, señalando la presencia de edulcorantes artificiales en tantos productos, incluida la pasta de dientes.

El artículo, Do Human Fetuses Form Long-Lasting Chemosensory Memories? —¿Forman los fetos humanos recuerdos quimiosensoriales duraderos?—, se publica en la revista Developmental Psychobiology.

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