Una madre y su bebé
El hábito diario que fortalece el cerebro de tu bebé y está «al alcance de cualquier madre»
En los primeros meses, el cerebro de un bebé se construye a toda velocidad y necesita estímulos sencillos, repetidos y afectivos. Según la divulgadora Lisa Rowell, esta práctica al alcance de cualquier familia favorece tanto a los niños como a los padres
No hace falta un método sofisticado ni una agenda de «estimulación temprana» para impactar positivamente en el desarrollo cerebral de un bebé. Al contrario: son las costumbres diarias y las rutinas domésticas, a veces casi imperceptibles, aquellas en las que una madre o un padre pueden dejar un sello más indeleble en el cerebro de sus hijos.
Eso es exactamente lo que defiende la divulgadora experta en maternidad Lisa Rowell, en un análisis publicado en el portal especializado iMOM: convertir la vida cotidiana en un espacio de crecimiento que, sin pretenderlo, le dé al bebé un alimento clave.
En concreto, señala uno de los hábitos que, durante el primer año de vida, más ayudan a estimular el desarrollo cognitivo del bebé.
Y lo más llamativo es que se trata de una acción que suele surgir de manera natural en los padres: cantar para el bebé. Una acción tan espontánea y tierna que parece como si la paternidad y la maternidad viniesen, «de serie», programadas para potenciar el cuidado y el desarrollo de los propios hijos.
Conectar áreas del cerebro
Rowell lo explica apoyándose en un buen número de estudios científicos... y desde su propia experiencia: «Después de ser mamá, me encontré convirtiendo momentos cotidianos en mini musicales. Me ponía a Emmy en la cadera cada mañana, me balanceaba como un metrónomo y cantaba a viva voz…».
Lo relevante es lo que sucede como parte del desarrollo cognitivo del pequeño: «El cerebro de un bebé forma más de un millón de conexiones neuronales cada segundo», explica la especialista. Y añade que, «cuando les cantamos, les ayudamos a conectar el lenguaje, las emociones y el aprendizaje».
De hecho, Rowell explica que ni siquiera es necesario cantar bien: «¡No necesitas sonar como un ganador del Grammy para que cuente!» porque el bebé no está evaluando la afinación; está recibiendo el ritmo, el tono, la repetición, la modulación, y la seguridad que le procura reconocer un timbre que ya escuchaba en el propio útero materno.
Cinco frutos de cantar a tu bebé
En la práctica, según la especialista norteamericana, este hábito cotidiano se traduce en cinco frutos muy concretos, que respalda con un despliegue de estudios científicos.
El primero tiene que ver con el estado de ánimo. «Cantar hace más felices a los bebés», resume Rowell al presentar el beneficio emocional. Y propone un gesto simple, casi de supervivencia: poner melodía al cambio de pañal cuando el bebé está inquieto, porque «a tu bebé no le importan tus palabras. ¡Es tu voz la que también le alegra el corazón!».
El segundo es la adquisición del lenguaje: «La repetición y la melodía hacen que las palabras sean más fáciles de entender ahora y más fáciles de decir después». Por eso recomienda cantar durante las rutinas: el baño, la comida, el paseo. Porque, como indica, la música convierte el habla en un patrón que el bebé reconoce y anticipa.
El tercero es que «favorece el desarrollo cerebral». Citando varios estudios, Rowell explica que «las experiencias musicales ayudan a formar vías neuronales que apoyan las habilidades matemáticas, el razonamiento espacial y la resolución de problemas más adelante».
En cuarto lugar, cantar al bebé «profundiza los vínculos». De nuevo sobre la base de un estudio clínico, la experta indica que «cuando cantas, el cerebro de tu bebé libera sustancias químicas que le hacen sentir bien y le ayudan a conectar tu voz con amor y consuelo. Y tu cerebro recibe el mismo estímulo. Cantar es una de las maneras más sencillas de fortalecer la cercanía».
Por último, este gesto sencillo «te ayuda a mantener la calma»: «Cuando cantas, tu cerebro libera menos cortisol (la hormona del estrés) y la respiración regular ayuda a regular tu ritmo cardíaco. Incluso si la canción es animada, el efecto posterior es relajante».
Todo lo demás –instrumentos, clases, playlists– pueden ser un extra. Pero lo esencial, según Rowell, cabe en un par de minutos y en la voz natural de los padres.