Los bebés en Islandia no tienen nombre cuando nacen por un motivo cultural
¿Por qué en Islandia los bebés pueden no tener nombre hasta pasados unos meses?
En Islandia, elegir el nombre de tu hijo es un proceso lento y pausado, que puede durar meses
En España, en la mayoría de los casos, los padres ya han decidido cómo llamarán a su hijo incluso antes de que nazca. Y no solo por la ilusión que rodea la llegada de un bebé, sino también porque es necesario para inscribirlo en el Registro Civil. Sin embargo, esta práctica no es tan extendida en otros países como podría pensarse.
En Islandia, por ejemplo, las familias disponen de hasta seis meses para elegir el nombre del recién nacido y formalizar su inscripción, por lo que no resulta extraño encontrar bebés de varios meses que todavía no tienen un nombre definitivo.
Así lo explicó en un vídeo la influencer islandesa Asa Steinars, quien reveló que su hijo, con dos meses de vida, aún no tenía un nombre oficial y que en casa lo llamaban «hermanito». Según ella, hay familias que quieren comprobar qué nombre encaja mejor con la personalidad del pequeño, pero en otras ocasiones esta tardanza se debe a que el nombre elegido debe someterse al criterio del comité islandés de nombres, un organismo oficial que vela por la coherencia lingüística de cada nueva inscripción.
Mannanafnanefnd
El Mannanafnanefnd o Comité Islandés de Nombres es un organismo creado en 1991 que regula la introducción de los nombres propios en el país. Los integrantes del comité son designados por un periodo de cuatro años. El Ministro de Justicia los nombra a partir de las propuestas formuladas por la Universidad Estatal. Su labor consiste en evaluar si un nombre, que no haya sido utilizado previamente en el país, reúne las condiciones necesarias para incorporarse al idioma islandés.
Para que sea aprobado, el nombre debe estar compuesto exclusivamente por letras del alfabeto islandés y poder adaptarse a la declinación propia de los casos gramaticales. Asimismo, se valora su adecuación a las tradiciones del país y se analiza si podría resultar perjudicial, provocar vergüenza o generar dificultades sociales para quien lo lleve.
Steinars explica que, en su caso, están considerando dos opciones. Una de ellas requería la aprobación del comité y ya ha obtenido el visto bueno; la otra es un antiguo nombre nórdico que no está sujeto a restricciones. A esta elección se añade un elemento cultural relevante: su pareja es sueca, por lo que desean encontrar un nombre que encaje en ambos idiomas y refleje la tradición de las dos familias.