Acoso escolar
Educación se jacta de su plan contra el acoso, pero abandona a las enfermeras escolares que lo combaten en las aulas
Aunque muchas veces se asocia como un problema de convivencia, la realidad es que, tal y como comenta la evidencia científica, es un problema de salud físico y mental
El suicidio de Sandra Peña en octubre de 2025 marcó un antes y un después en la manera de mirar la educación española y los protocolos antiacoso escolar. Para mejorar sus planes y evitar estos desenlaces fatales, el Ministerio de Sanidad ha publicado la Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso, un documento que, pese a poner el foco en la detección temprana y el seguimiento de los menores, prescinde de la perspectiva sanitaria y deja fuera a las enfermeras escolares, profesionales que reclaman un papel específico en la prevención, detección y seguimiento del acoso.
El acoso escolar es un problema de salud y bienestar infantil. Tal y como señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 25 % de los niños y adolescentes del mundo están expuestos al bullying. Aunque muchas veces se asocia como un problema de convivencia, la realidad es que, tal y como comenta la evidencia científica, es «un problema de salud físico y mental» que comienza manifestándose como somatizaciones, asegura Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería (CGE).
Con frecuencia, los menores que lo sufren experimentan ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés… pero también pueden manifestar cefaleas, dolores abdominales, fatiga o cambios en la alimentación, entre otros. Por ello mismo, es una tarea para la cual las enfermeras escolares están «plenamente capacitadas», subraya Pérez Raya.
Aunque son pocas, ya que el pasado mes de enero se identificó una alerta por la falta de estas profesionales en España, las enfermeras escolares tienen mucho que aportar, pues son las capacitadas para detectar signos que probablemente nunca lleguen a verbalizarse como acoso, pero que pueden tener consecuencias muy graves para los menores.
Más allá de lo sanitario
En un documento, el CGE expone que el acoso causa «un impacto grave en la salud mental y física de los menores», por ello, consideran que dejar fuera a la enfermería en el diseño de un protocolo perpetúa «una visión puramente punitiva o académica del problema». Esto dificulta la coordinación ágil entre «el centro educativo y la Atención Primaria o Salud Mental», explica Itziar Ferragud, presidenta de Amece, la Asociación Nacional e Internacional de Enfermería Escolar.
Tal y como anotan los expertos, el problema del protocolo que establece Educación es que no identifica el acoso. Solo identifica la detección y comunicación, recogida de información, plan de intervención y seguimiento y evaluación, entre otras dentro de su estructura, lo cual demuestra que el problema no termina cuando se confirma el acoso.
Y es que, señala Itziar Ferragud, presidenta de Amece, muchas veces el alumnado «no cuenta directamente lo que le está pasando», pero acude a la Enfermería por dolores frecuentes, malestar o cambios emocionales. Esto les permite «detectar señales, valorar su estado, ofrecerle un espacio seguro y coordinar la atención con la familia, el equipo educativo y los servicios sanitarios». Además, su labor no termina al detectar el caso, sino que continúa con el acompañamiento y el seguimiento.
Un documento con carencias
Las asociaciones de enfermería escolar atribuyen la exclusión de sus profesionales de la guía al desconocimiento de sus competencias. Denuncian al Ministerio de Educación que el documento apenas contempla la dimensión sanitaria del acoso y reclaman incorporar a las enfermeras escolares y referentes escolares en los protocolos de prevención, detección, intervención y seguimiento.
Por su parte, Itziar Ferragud, presidenta de Amece, revela que la exclusión de las enfermeras escolares representa «una oportunidad perdida» para abordar el problema desde una perspectiva «verdaderamente interdisciplinar y de salud pública».
Desde la Organización Colegial de Enfermería piden al Ministerio de Educación que revise la guía para garantizar la valoración y el seguimiento de la salud física y emocional de los alumnos y una coordinación efectiva entre centros educativos, familias y sistema sanitario.
«No se trata de sustituir a otros profesionales, sino de sumar competencias y ofrecer una respuesta verdaderamente interdisciplinar», concluye Engracia Soler, presidenta de Aceese.