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Los bebés viajarán en sentido contrario a la marcha hasta los 15 meses

Un bebé en una silla de cocheEuropa Press

Un estudio plantea que la comunicación de los bebés es previa a sus primeras interacciones

El trabajo, publicado en New Ideas in Psychology, subraya el papel de la materialidad, el ritmo y el afecto en la construcción temprana de significado compartido

Investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) han realizado un estudio sobre la comunicación temprana en bebés que propone replantear lo que se entiende por «comunicación» en los primeros meses de vida, y llama a situar la construcción de significado en las interacciones cotidianas entre bebés, adultos y objetos, es decir, antes de sus primeras comunicaciones más evidentes.

El trabajo, publicado en New Ideas in Psychology, subraya el papel de la materialidad, el ritmo y el afecto en la construcción temprana de significado compartido.

Los investigadores indican que durante las últimas décadas se ha considerado que la comunicación humana comenzaba con la aparición de conductas «claramente intencionales», como señalar un objeto para compartir la atención o dirigir la mirada de otra persona hacia algo.

Sin embargo, el estudio de la UAM propone que esas primeras señales aparecen antes, en los primeros meses de vida”, a través de las interacciones cotidianas que los bebés mantienen con las personas y los objetos de su entorno.

En este sentido, los autores de la investigación pretenden, más que adelantar el momento en que comienza la comunicación, replantear «qué se entiende por comunicación desde el inicio de la vida», según explican en una nota.

La propuesta se centra en las llamadas «interacciones triádicas tempranas», aquellas en las que participan simultáneamente el bebé, otra persona y algún elemento del entorno material, como un juguete o un objeto cotidiano.

Sin embargo, el artículo que han publicado sostiene que uno de los límites de los modelos clásicos es que «tienden a identificar la comunicación con la capacidad de expresar intenciones de forma explícita», por lo que «se dejan fuera» procesos previos que «hacen posible que esas intenciones lleguen a desarrollarse».

En este sentido, argumentan que, antes de que un bebé pueda señalar o compartir deliberadamente la atención sobre algo, ya participa en experiencias compartidas con otras personas.

Por ejemplo, aluden a señales de «participación conjunta» y con «significado compartido» en actividades tan cotidianas como mostrar un objeto, moverlo rítmicamente o cantar mientras se manipula.

El trabajo propone entender estas interacciones no como «simples antecedentes», sino escenarios «donde comienza a organizarse el significado compartido».

Por ello, concluyen que, desde esta perspectiva, gestos como señalar o compartir atención «no constituyen el punto de partida de la comunicación», sino la expresión visible de procesos de coordinación corporal, afectiva y material que llevan meses desarrollándose.

El artículo identifica tres dimensiones «especialmente importantes» en las formas de participación compartida, como la materialidad (los objetos contribuyen a organizar la interacción), el ritmo (que ayuda a sostener la interacción) y la dimensión afectiva, con las expresiones faciales y el tono de voz, que permiten que bebés y cuidadores ajusten sus estados emocionales.

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