Fundado en 1910
Clara R. Ilárraz

¿Nos va a sustituir la inteligencia artificial en el trabajo?

Las empresas que despidieron por confiar en la IA están volviendo a contratar. Los datos describen un error de cálculo financiero, no una revolución tecnológica.

Madrid

Un empleado ahogado por la IA

Un empleado ahogado por la IAGetty Images

Durante el último año el relato ha sido que las empresas despiden porque la inteligencia artificial ya hace el trabajo. Es un relato cómodo, porque convierte una decisión empresarial en una consecuencia inevitable del progreso técnico. Sin embargo, varias noticias publicadas este verano en Estados Unidos obligan a revisarlo.

La primera procede de la consultora Forrester. En una encuesta a directivos, el 55 % reconoce arrepentirse de los recortes de plantilla que justificó por razones tecnológicas. Sus analistas prevén que la mitad de los despidos atribuidos a la IA se revertirán. Ford, IBM, Alphabet, Booz Allen Hamilton o la ferroviaria CSX han pasado en pocos meses de despedir a contratar y en algunos casos a reincorporar a las mismas personas cuyos puestos se eliminaron. Robert Half, una de las mayores empresas de selección del mundo, calcula que un tercio de los responsables de contratación que suprimieron puestos por la automatización ya los han vuelto a cubrir.

Las razones que dan las propias compañías son, en unos casos, que la IA no automatizó las tareas tan bien como prometía, o lo hizo a un coste muy superior al previsto. En otros, se descubrió tarde que lo que produce un sistema de IA necesita de la supervisión de alguien que entienda el negocio. El caso de IBM añade un matiz que los directivos españoles harían bien en anotar. La empresa eliminó la mayor parte de sus puestos de entrada y comprobó que, al hacerlo, se había quedado sin cantera. Su directora de Recursos Humanos ha planteado la pregunta en voz alta: si no se contrata a nadie que empiece hoy, ¿quién será el profesional con experiencia dentro de cinco años? IBM ha anunciado que reanuda la contratación de perfiles junior en todas sus unidades de negocio.

Además, un estudio de la Reserva Federal de Atlanta indica que alrededor del 90 % de los directivos considera que la IA todavía no ha mejorado la productividad de su empresa. Y un equipo de la Universidad de Pittsburgh, dirigido por el profesor Mark Ma, ofrece una explicación de por qué los despidos anunciados en nombre de la IA destruyen las condiciones que la IA necesita para funcionar.

Y es que, para que una organización gane eficiencia con estas herramientas, los empleados tienen que incorporarlas a su trabajo diario. Pero un empleado que ha visto despedir a su compañero por culpa de la IA, o que teme ser el siguiente, no colaboraría en hacerla más «humana». El equipo de Pittsburgh analizó millones de evaluaciones de empleados en Glassdoor, miles de informes financieros y unas diez mil transcripciones de presentaciones de resultados. Encontró que la percepción de los trabajadores sobre la IA es uno de los mejores predictores de la productividad de la empresa y que esa percepción se deteriora bruscamente cuando se anuncian despidos. Igualmente conviene detenerse en el mecanismo que describe el estudio, porque no es tecnológico sino financiero. Una empresa cotizada invierte una cantidad importante en IA y necesita mostrar retorno en el siguiente ciclo de resultados. La forma más rápida de mostrarlo es reducir costes laborales. Algunas compañías analizadas despidieron antes de invertir, para liberar capital. El despido no era la consecuencia de la automatización, era su financiación.

¿Nos va a sustituir la IA? La respuesta honesta, con los datos de hoy, es que sustituye tareas, no oficios y que lo hace peor y más caro de lo que anunciaban quienes tenían interés en anunciarlo. Forrester estima que la tecnología automatizará el 6 % de los empleos del mundo en 2030. Es una cifra relevante, pero está lejos de la sustitución generalizada que se ha dado por hecha. Quizás la pregunta que realmente importa no es si la máquina va a ocupar nuestro puesto. Es si quien dirige la empresa entiende que la máquina solo rinde si hay alguien que sepa qué pedirle, cómo comprobar lo que devuelve y cuándo desconfiar. Las compañías que están recontratando en 2026 no han descubierto que la IA no sirve sino que sirve a quien conserva y forma a las personas que saben usarla.

Clara R. Ilárraz es doctora en derecho digital (5G) por el CEU

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas