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Bebé con síndrome de DowniStock

Países Bajos aplica la eutanasia a un bebé de dos años por su discapacidad: «No hablaba, él no lo pidió»

El país se convirtió en febrero de 2014 en el primer territorio del mundo que autorizó la eutanasia a los menores con capacidad de discernimiento y sin límite de edad

Países Bajos ha registrado un nuevo caso de una de las prácticas más estremecedoras de los últimos tiempos: la eutanasia. Esta vez la víctima ha sido un niño de dos años con discapacidad. Según ha trascendido, se trataría del niño que murió el pasado mes de junio y cuyos datos no habían sido conocidos hasta ahora. Es el primer caso conocido de este tipo en el país.

El país se convirtió en febrero de 2014 en el primer territorio del mundo que autorizó la eutanasia a los menores con capacidad de discernimiento y sin límite de edad. Diez años después, y tras una reevaluación del reglamento existente, el Gobierno decidió ampliar el acceso para incluir a los niños de 1 a 12 años. Además, expresaron una norma clara: si el niño no puede pedirlo, el padre podrá hacerlo, consultando con el médico.

Es lo que le ha pasado al menor de dos años. El niño tenía casi 24 meses y no podía comunicarse. No decidió morir. Sin embargo, debido a la decisión del médico y sus padres, puesto que consideraron que tenía una discapacidad que le causaba sufrimiento y no podía aliviarse, fue eutanasiado. Y es que, tal y como afirma LifeNews que se ha hecho eco de la noticia, el niño «no hablaba, él no lo pidió».

Todo comenzó a sus 26 semanas de gestación. Cuando todo parecía ir bien, el pequeño nació. Aunque era una edad muy temprana y varios bebés han sobrevivido sin problemas aparentes a esta etapa, sufrió, según el parte médico, un daño cerebral grave que le provocó parálisis cerebral severa, discapacidad visual y frecuentes convulsiones epilépticas.

Aunque los partes médicos no estaban de su lado, el bebé tenía ganas de vivir, y así lo demostró a pesar de la gravedad de sus patologías. Tal y como informa el medio provida, con dos años el niño tenía mucosidad en los pulmones que le impedía respirar bien y tragar y dormía mal por las noches. Tras las pertinentes exploraciones y análisis médicos, los facultativos consideraron que la edad de desarrollo del niño se estimaba en seis semanas.

Así lo detallaron los médicos proeutanasia, quienes consideraron, sin tener en cuenta los cuidados paliativos, que «todas las facetas del ser humano estaban afectadas y no iban a mejorar». Junto a sus padres decidieron que no podía seguir así y que, a pesar de las operaciones, el pequeño estaba sufriendo. Este controvertido caso ha abierto una brecha en la sociedad y es que, ya se está matando a personas que, sin estar enfermas terminales, mueren sin ni siquiera decidirlo por ellas mismas.