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Dr. Jacinto Bátiz Cantera

Preservar la dignidad humana cuando comienza y se apaga la vida

Hemos de conseguir una sociedad sana y compasiva, porque está compuesta de personas que están ante personas y se necesitan unas a otras. Cuidar la vida de las personas y su dignidad es responsabilidad de toda la sociedad, de todos nosotros

AbortoGetty Images

La vida humana es un viaje corto y frágil que no se mide por el tiempo que dura, sino por la dignidad con que se vive. Nuestro compromiso, como sociedad, es cuidar y proteger la dignidad de la vida de cada persona desde su concepción hasta la muerte.

Si nos preguntamos qué es la vida humana podríamos responder que es la capacidad de la persona que tiene de nacer, respirar, desarrollarse, procrear, evolucionar y morir. Es el espacio de tiempo que transcurre desde la concepción de un ser humano hasta su muerte. Periodo que puede acabar antes debido a una enfermedad o por un accidente. Pero también podemos acabar con ella a través del aborto, del suicidio y de la eutanasia. La vida es un derecho, vivir y morir dignamente también, pero morir no es un derecho.

Otra pregunta necesaria y que deseo responder para entender el contenido de este artículo es la siguiente: ¿qué es la dignidad humana? El concepto de dignidad es, en sí mismo, problemático, pero también lo es el de persona como afirma el filósofo Françesc Torralba en su libro ¿Qué es la dignidad humana? La dignidad es un bien invulnerable propio de cada persona que no se puede perder, pero que sí se puede dañar. Cuanto mayor es el desamparo y la necesidad de ayuda de una persona, mayor es la posibilidad de que se sienta herido en su dignidad.

Ante la vida humana y su dignidad, la sociedad no se comporta en ocasiones como debiera. Hace dos años, un medio de comunicación titulaba una noticia de la siguiente manera: «El gobierno prepara una ley para proteger a los grandes simios mientras desprecia la vida humana». Yo me pregunto: ¿Por qué una bacteria se considera vida en Marte cuando un latido prenatal no se considera vida en la Tierra? Quino, el autor de Mafalda, refleja muy bien el desprecio a la dignidad en una de sus viñetas cuando Mafalda ve un cartel en un jardín que dice: «prohibido pisad el césped», y ella se pregunta: «y ¿la dignidad, no?»

Una sociedad, como la nuestra, que se resiste a condenar actos que nuestro sentido común nos dice que son destructivos como el aborto, el suicidio y la eutanasia es una sociedad que ha perdido la capacidad de enfrentarse al mal. Es una sociedad que priva a las personas de la vida y de la dignidad.

En 1994, el Papa Juan Pablo II decía: «Nuestra civilización contemporánea amenaza la vida de los no nacidos. […] Hoy en día esta amenaza se extiende igualmente a ancianos y enfermos. Las instituciones, los parlamentos elegidos democráticamente, usurpan el derecho a poder determinar quién tiene derecho a la vida». El escritor, filósofo y político, padre del conservadurismo liberal británico, Edmund Burke (1729-1797) ya dijo: «Lo único que necesita el mal para triunfar es que las personas buenas no hagan nada». Y Albert Einstein, Premio Nóbel de Física en 1921, hizo referencia a este asunto cuando dijo: «La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por los que se sientan a ver lo que pasa». ¿Seguiremos nosotros sin hacer nada, sentados a ver qué pasa?

Como médico paliativista y presidente de VIVE Asociación que da la vida por cada vida deseo compartir alguna reflexión sobre la eutanasia y el aborto.

No hay que considerar como nuestro único objetivo una muerte digna, porque muerte digna es mucho más que un estilo particular de muerte, es un concepto amplio, una filosofía de morir basada en el respeto por la dignidad de la persona para conservarla hasta el final. Sin duda que el mejor final para una vida es morir con dignidad. La ayuda que le podemos ofrecer quienes le acompañamos en el proceso de morir será preservar su dignidad para garantizarle una muerte serena, en paz y si sufrimiento.

Pero, tengamos presente que aliviar el sufrimiento de la persona no debe consistir en eliminar a quien sufre. Es verdad que cuando no se puede ofrecer al enfermo el alivio de su sufrimiento, algunos enfermos pueden desear que le adelantemos la muerte porque ven en ella la solución para no seguir sufriendo. Ante quien pide la muerte como solución para su sufrimiento debemos comprender que en realidad pide otra cosa, no desea sufrir. Detrás de la petición «quiero morir», hay un trasfondo que significa, la mayoría de las veces, «quiero vivir o morir de otra manera». En mi opinión, la eutanasia no es signo de civilización. El modo de tartar a las personas en situación de vulnerabilidad, el modo de acoger y sostener a los debilitados, ancianos y enfermos, y la manera de abordar los momentos últimos de nuestra vida, sí demuestran el grado de civilización de una sociedad.

Como cristiano que soy, estoy pendiente de la doctrina de la Iglesia en relación a mi actividad profesional como médico. De la Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe «Dignitas infinitas sobre la dignidad humana» publicada en 2024 comparto las siguientes ideas sobre el aborto y la eutanasia.

En el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de la «interrupción del embarazo», que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de nuestras conciencias. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto provocado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va desde la concepción al nacimiento. Los niños que van a nacer son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo.

Hay un caso particular de violación de la dignidad humana, más silencioso, pero que está ganando mucho terreno. Tiene la peculiaridad de utilizar un concepto erróneo de la dignidad humana para volverla contra la vida misma. Esta confusión, muy común hoy en día, sale a la luz cuando se habla de eutanasia. Por ejemplo, las leyes que reconocen la posibilidad de la eutanasia o el suicidio asistido se denominan a veces «leyes de muerte digna».

Deseo que, en este último párrafo del artículo, les puede transmitir algo de esperanza, pero a la vez solicitándoles cierto compromiso.

Yo creo que además de una sociedad sana, podemos construir una sociedad compasiva cuando todos seamos capaces de ayudar a quien lo necesita preservando su vida y su dignidad. Esta es una verdadera apuesta de todos los que componemos esta sociedad. Hemos de conseguir una sociedad sana y compasiva, porque está compuesta de personas que están ante personas y se necesitan unas a otras. Cuidar la vida de las personas y su dignidad es responsabilidad de toda la sociedad, de todos nosotros.

Dr. Jacinto Bátiz Cantera es director del Instituto Para Cuidar Mejor. Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya). Presidente de VIVE