Mujer joven recibe un tratamiento contra el cáncer
Día Mundial contra el Cáncer de Mama
Cáncer de mama antes de los 40: lo que cambia cuando la enfermedad aparece a una edad temprana
Uno de los temas que más afecta a las jóvenes es la fertilidad. Y es que, según los expertos, el cáncer de mama antes de los 40 años también puede afectar
El cáncer es una de las enfermedades más temidas por la sociedad. Aunque cada vez se desarrollen más tratamientos eficaces y la supervivencia sea mayor –dependiendo del estadio en el que se diagnostique la enfermedad–, los casos cada vez son más numerosos. Este 2026, según la Sociedad Española de Oncología médica (SEOM), España superará por primera vez los 300.000 casos, con 301.884 diagnósticos. Del total, 8.000 corresponderán a jóvenes de entre 20 y 39 años, un grupo en el que predominan los tumores de mama y tiroides.
Aunque la edad de máxima incidencia se sitúa por encima de los 50 años, aproximadamente un 10 % de los casos de cáncer de mama se diagnostican en mujeres menores de 40, informa la SEOM. Para tratar de paliar las dolencias de la neoplasia maligna, hay tratamientos. Sin embargo, en estas pacientes, el tratamiento puede coincidir con una etapa en la que la función ovárica continúa activa y en la que cuestiones como la maternidad, la sexualidad, la imagen corporal o el bienestar emocional pueden verse condicionadas.
Uno de los temas que más afecta a las jóvenes es la fertilidad. Y es que, según los expertos, el cáncer de mama antes de los 40 años también puede afectar. Algunos tratamientos dañan los folículos ováricos, reducen la reserva de óvulos y pueden provocar alteraciones menstruales o dificultades reproductivas. Entre el 40 % y el 60 % de las pacientes jóvenes expresa preocupación por su capacidad para tener hijos en el futuro.
La doctora Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare, señala que cuando el tumor de mama se diagnostica a una edad temprana, las decisiones clínicas deben contemplar «tanto el tratamiento de la enfermedad como sus consecuencias a medio y largo plazo».
La experta también destaca la importancia de vigilar la salud hormonal y ósea durante la recuperación. Los cambios hormonales pueden provocar sofocos y sequedad vaginal, además de aumentar el riesgo de pérdida de masa ósea. Según cada caso, puede ser necesario controlar la densidad ósea y adoptar medidas preventivas.
La recuperación física tras la cirugía es otro aspecto relevante, ya que la intervención puede ocasionar pérdida de movilidad y fuerza en el brazo, alteraciones de la sensibilidad o linfedema. La fisioterapia y los ejercicios adaptados ayudan a recuperar la funcionalidad y prevenir secuelas.
Por último, el bienestar emocional requiere atención durante todo el proceso, incluso después de finalizar el tratamiento. Detectar el malestar y recurrir al apoyo psicológico cuando sea necesario permite abordar las dificultades que afectan al descanso, las relaciones personales o la vida cotidiana.