El Banco Mundial de Semillas de Svalbard se inauguró en febrero de 2008
La bóveda de semillas del fin del mundo: así se protege la biodiversidad global desde el Ártico
Las catástrofes naturales o los conflictos bélicos están a la orden del día, y ambas circunstancias nos pueden sobrevenir en cualquier momento. Por esto, el mundo se prepara para afrontar cualquier situación y, para garantizar la supervivencia del planeta, es esencial su biodiversidad.
Para protegerla, en el Ártico está situado el mayor invernadero de semillas del mundo. En concreto, se sitúa en en la isla noruega de Spitsbergen, en el archipiélago de Svalbard, cerca de su capital, Longyearbyen. Salvaguardado por el permafrost –la capa de suelo que está en permanente congelación–, este lugar es idóneo para ejercer de congelador gigante y mantener estas copias de plantas de cultivo de todo el mundo.
Aunque estas semillas se conservan a -18 ºC con refrigeración artificial, los encargados de la gestión del recinto, de la empresa nórdica de recursos genéticos Nordgen, aseguran que esa temperatura se mantendría más de un año si se fuese la electricidad gracias al permafrost, un tiempo más que suficiente para instalar unos equipos nuevos.
Soporta bombas, terremotos y erupciones
Inaugurado en 2008, tiene una extensión de más de mil metros cuadrados repartidos en tres almacenes capaces de almacenar 4,5 millones de variedades de cultivos. Se le conoce con el sobrenombre de «cámara del fin del mundo» debido a que esta especie de búnker es capaz de soportar bombas, terremotos, erupciones volcánicas y otros desastres naturales para garantizar su eficacia.
Su idea surgió para tener una reserva de la biodiversidad de especies de cultivo que sirven como alimento en caso de que ocurra una catástrofe local o mundial, ya que allí se guardan especies de todos los países. No obstante, no se trata de un banco genético al que recurran los científicos, sino para que los bancos genéticos de todo el mundo guarden allí copias de sus colecciones de semillas que puedan replicar en caso de catástrofe.
Interior de la Bóveda de las semillas
El objetivo final de sus impulsores es tener una copia de cada semilla conservada en cualquiera de los bancos genéticos repartidos por todo el mundo, lo que supondría tener entre dos y tres millones de muestras únicas. En la cámara del fin del mundo, las semillas se almacenan en las llamadas condiciones de caja negra, lo que significa que solo la institución que depositó las semillas puede retirarlas.
Y es algo que ya ha ocurrido en diversas ocasiones, como por ejemplo en 2015, cuando debido al conflicto en Siria el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas en Alepo quedó totalmente destruido y se convirtió en el primer banco genético que recuperaba semillas de su depósito, gracias a que había enviado un duplicado del 80 % de sus muestras a Svalbard. Ese mismo año, Nepal también tuvo que recurrir al banco después de sufrir un importante terremoto y perder cultivos nativos, y este 2025 han llegado semillas de territorio palestino o Sudán, por lo que se ha demostrado la utilidad del modelo.
En España, el Centro Nacional Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), integrado en la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es el encargo de enviar semillas a este banco. Nuestro país envió dos veces semillas en 2024 a la famosa Bóveda Global de Semillas, situada en el archipiélago noruego.
En concreto, se enviaron dos cajas con 208 variedades diferentes, que incluyen productos como tomates, judías, acelgas, berza y algunos vegetales tradicionales y menos comunes como la borraja o el cardo. Estos últimos, aunque son menos conocidos, son de gran importancia para su conservación. En 2022, se enviaron unas 1.000 muestras adicionales, principalmente de cereales como trigo y maíz.