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Bóveda Global de Semillas de Svalbard

Bóveda Global de Semillas de Svalbard.Getty Images/Tor Oevrebotten

El olivo entra en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard para garantizar su preservación

Este envío ha sido posible gracias, en buena medida, al trabajo previo desarrollado por equipos científicos españoles

El olivo dará un paso inédito en su historia la próxima semana al ingresar por primera vez en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en Noruega, considerado el mayor depósito de biodiversidad agrícola del planeta. La iniciativa persigue garantizar su preservación a largo plazo con el deseo, compartido por los impulsores del proyecto, de que nunca sea necesario recurrir a esas reservas custodiadas en el archipiélago ártico.

La entrega de las muestras correrá a cargo de una delegación encabezada por el Consejo Oleícola Internacional, que será la encargada de introducir el material en la denominada Bóveda Global de Semillas de Svalbard. Se trata de un enclave concebido como una suerte de arca vegetal capaz de salvaguardar recursos fitogenéticos frente a eventuales catástrofes naturales, conflictos o crisis climáticas.

Este envío ha sido posible gracias, en buena medida, al trabajo previo desarrollado por equipos científicos españoles. Investigadores seleccionaron semillas procedentes de ejemplares vivos conservados en el banco de germoplasma de olivo de la Universidad de Córdoba, así como de acebuches recopilados por la Universidad de Granada. De este modo, se ha reunido una muestra representativa tanto de variedades cultivadas como de poblaciones silvestres.

El experto de la Universidad de Córdoba Pablo Morello explicó a Efe can que la elección se centró en 50 variedades destacadas de entre las 700 que forman parte de su colección, a las que se suman otras que afrontan riesgo de desaparición en distintos puntos de Andalucía y Canarias. En total, se han remitido 500 semillas, una «representación de un 'pool' genético de lo que sería el olivo cultivado» porque así, explicó, «si ocurriese algún cataclismo y se acabase todo el olivo, sería posible contar con unos repobladores con buenas características para volver a obtener las nuevas variedades del futuro».

El proceso técnico ha sido exigente. Los especialistas no solo recolectaron una cantidad significativa de semillas, sino que procedieron a su selección y tratamiento. Entre las tareas realizadas figura la desecación para reducir la humedad y asegurar que el material permanezca viable durante décadas. Además, se llevaron a cabo pruebas de germinación en el Centro de Recursos Fitogenéticos de Madrid con el fin de comprobar su capacidad de desarrollo. Posteriormente, las semillas se introdujeron en sobres específicos y en cajas acondicionadas para soportar el transporte y el almacenamiento en condiciones extremas.

A esta labor científica se añadió un complejo trabajo administrativo. La iniciativa, surgida en el marco del proyecto europeo Gen4Olive, ha contado con la implicación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, del Consejo Superior de Investigaciones Agrarias y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Esta coordinación institucional ha sido clave para culminar el depósito.

Morello subrayó el carácter pionero de la operación al afirmar: «Es un hito porque no se había hecho hasta ahora. No conozco una especie leñosa que se haya cultivado. La mayoría de las semillas que se conservan son de especies herbáceas. (...) Al hacerlo con las variedades cultivadas del olivo, se abre la vía a que otras especies se sumen a este tipo de depósitos». Sus palabras ponen de relieve la singularidad de incorporar un árbol leñoso a una infraestructura que tradicionalmente ha albergado cultivos anuales.

Por su parte, el jefe de Tecnología del Aceite de Oliva del COI, Juan Antonio Polo, precisó que el olivo no figura entre los cultivos incluidos en el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. Dicho acuerdo sí facilita que otros productos agrícolas se integren en un sistema multilateral de intercambio genético, siempre que bancos internacionales de germoplasma se adhieran formalmente, como ocurrió en 2024 con el primero dedicado al olivo en Córdoba. «Ahí surgió la idea de aprovechar la infraestructura del Gobierno de Noruega», comentó Polo, quien destacó además el «ejercicio de colaboración entre todas las partes».

El COI trabaja en paralelo en una estrategia global orientada a conservar el patrimonio genético del olivo y fomentar el intercambio entre bancos especializados. En este contexto, el secretario del tratado, Kent Nnadozie, calificó el depósito como un «momento histórico», ya que «uno de los árboles cultivados más antiguos del mundo quedará protegido dentro del sistema global de conservación de la diversidad de cultivos». Añadió también que «El olivo está profundamente conectado con la cultura mediterránea y es un cultivo cada vez más importante a nivel mundial. Su incorporación a la bóveda es muy simbólica y práctica, ya que fortalece la preparación global contra el cambio climático, las plagas y enfermedades, y otras crisis que puedan amenazar su producción».

Las cifras reflejan la creciente relevancia de este sistema de conservación. Hasta 2025 se habían registrado en todo el mundo 5,8 millones de accesiones en estado de preservación, de las cuales el 44 % estaba integrado en el mecanismo multilateral, más del doble que en 2013. Un aumento que, en palabras del propio Nnadozie, evidencia una «creciente participación y confianza en el sistema». Así, el olivo se suma ahora a esa red internacional que aspira a blindar la diversidad agrícola ante los desafíos del futuro.

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