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Bóveda global de semillas de Svalbard, en Noruega

Bóveda global de semillas de Svalbard, en Noruega

Así es el banco de semillas de Svalbard, el «arca de Noé» vegetal que ha ganado el Princesa de Asturias

Situado en la isla noruega de Spitsbergen, aprovecha las condiciones extremas del Ártico para conservar millones de semillas durante siglos

Las guerras, los terremotos, las erupciones volcánicas o las crisis climáticas son amenazas cada vez más frecuentes en el mundo actual. Ante este escenario, numerosos países trabajan desde hace años en planes de contingencia que permitan garantizar la supervivencia humana y preservar los recursos esenciales del planeta. Entre ellos, la biodiversidad agrícola ocupa un lugar prioritario, ya que de ella depende buena parte de la alimentación mundial. Por esta razón existe en el Ártico una instalación única conocida como la «cámara del fin del mundo», una gigantesca bóveda diseñada para proteger semillas de cultivos de todos los continentes frente a cualquier desastre.

La llamada Bóveda Global de Semillas de Svalbard, inaugurada en 2008, vuelve a ser noticia ahora después de que este miércoles el jurado de los Premios Princesa de Asturias le haya concedido el galardón de Cooperación Internacional. Los responsables de este centro acudirán, por ende, este próximo otoño a Oviedo para recoger el Premio de manos de la Princesa Leonor de Borbón, que presidirá el importante acto para la sociedad asturiana y española.

Pero, ¿en qué consiste esta curiosa «arca de Noé» vegetal? Situada en la isla noruega de Spitsbergen, dentro del archipiélago de Svalbard y cerca de la ciudad de Longyearbyen, esta infraestructura aprovecha las condiciones extremas del Ártico para conservar millones de semillas durante siglos. El recinto se encuentra excavado en una montaña y protegido por el permafrost, la capa de suelo permanentemente congelada característica de las regiones polares. Gracias a ello, incluso si se produjera un fallo eléctrico, las bajas temperaturas naturales mantendrían las semillas congeladas durante más de un año, tiempo suficiente para restablecer los sistemas de refrigeración artificial.

Un refugio preparado para cualquier catástrofe

La Bóveda Global de Semillas fue inaugurada en 2008 y cuenta con más de mil metros cuadrados distribuidos en tres grandes almacenes subterráneos. Su capacidad alcanza los 4,5 millones de variedades agrícolas, lo que la convierte en el mayor depósito de semillas del planeta. Además de las temperaturas de conservación de -18 grados, el lugar está construido para resistir terremotos, bombardeos, inundaciones y erupciones volcánicas.

El objetivo principal de esta instalación no es servir como laboratorio de investigación, sino actuar como una copia de seguridad de los bancos genéticos repartidos por todo el mundo. Cada país o institución deposita duplicados de sus colecciones de semillas para garantizar que puedan recuperarse si una guerra, un desastre natural o cualquier otro incidente destruye las muestras originales.

Las semillas se almacenan bajo el sistema denominado «caja negra», lo que significa que únicamente la institución que realizó el depósito puede acceder posteriormente a ellas. De este modo, la bóveda funciona como un gran seguro internacional de la biodiversidad agrícola.

La utilidad real de esta infraestructura quedó demostrada en varias ocasiones durante la última década. Uno de los casos más relevantes ocurrió en 2015, cuando la guerra de Siria destruyó el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas, ubicado en Alepo. Gracias a que la institución había enviado previamente copias de cerca del 80 % de sus semillas a Svalbard, fue posible recuperar parte de ese patrimonio agrícola y reconstruir la colección perdida.

Ese mismo año, Nepal también recurrió a la bóveda después de sufrir un devastador terremoto que dañó cultivos y reservas agrícolas locales. Más recientemente, en 2025, llegaron nuevas remesas de semillas procedentes de territorios palestinos y de Sudán, regiones afectadas por conflictos e inestabilidad. Estos episodios han reforzado la idea de que conservar la diversidad genética de los alimentos es una cuestión estratégica para el futuro de la humanidad.

España también aporta semillas al Ártico

España participa activamente en este proyecto internacional a través del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), integrado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Desde 2024, el organismo español ha realizado varios envíos a la bóveda noruega con un total de 208 variedades diferentes.

Entre las semillas enviadas se encuentran tomates, judías, acelgas y berzas, además de cultivos tradicionales menos conocidos como la borraja o el cardo, cuya conservación resulta especialmente importante por su valor genético y agrícola. A estos depósitos se suman otras mil muestras remitidas en 2022, principalmente de cereales como trigo y maíz.

Este mismo año entraron a formar parte de este archivo las semillas del olivo, ya que esta especie emblemática de la cuenca mediterránea no es ajena a los grandes desafíos globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la aparición de nuevas plagas y enfermedades.

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