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El trabajo del IBMCP (CSIC-UPV) aporta una perspectiva más amplia sobre la biología que determina el crecimiento celular

Plantas, en una imagen de archivoCSIC

Las sequías y olas de calor reducen la capacidad de las plantas de absorber CO2, según un estudio

Los resultados muestran la importancia del equilibrio entre la humedad y el momento climático

Un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (Icta-UAB) ha revelado que las cada vez más frecuentas sequías y olas de calor están reduciendo la capacidad de las plantas y los ecosistemas para absorber dióxido de carbono (CO2).

El trabajo, publicado en la revista Global Biogeochemical Cycles, ha analizado cómo las plantas absorben y liberan CO2 teniendo en cuenta la humedad del suelo como un factor importante, informa la UAB en un comunicado de este viernes.

Los resultados muestran que el equilibrio entre la humedad y el momento en que ocurren los acontecimientos extremos -como las olas de calor o las sequías- es «clave» para entender cómo responden los ecosistemas.

Regiones como el suroeste de Europa, donde se encuentran diferentes tipos de clima, son «especialmente vulnerables» a estos cambios.

La investigación analizó los flujos de carbono entre 2001 y 2022 en territorios como Portugal, España, el sur de Francia e Italia, con datos de diez regiones biogeográficas.

El estudio ha mostrado cómo los flujos de los ecosistemas en los climas continentales y húmedos se ven más influenciados por las olas de calor y las sequías que los ecosistemas de las regiones mediterráneas, más adaptadas a estos acontecimientos.

En general, las tendencias actuales de calentamiento y sequía pueden provocar desequilibrios entre fotosíntesis y respiración, comprometiendo el papel de los ecosistemas como sumideros de carbono.

Los investigadores también usaron datos de satélite sobre la fluorescencia inducida por el sol, un indicador de la actividad fotosintética de la vegetación, para validar los modelos utilizados y confirmar que el intercambio de carbono entre los ecosistemas y la atmósfera es «muy sensible» a los acontecimientos extremos.

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