El crustáceo Alicella gigantea
Una extraña criatura supergigante habita en casi el 60 % de los océanos
Un nuevo hallazgo medioambiental ha puesto en el punto de mira a una extraña criatura de la que apenas se tenían datos, pero que resulta estar mucho más presente en el medio de lo que se pensaba. Se trata de Alicella gigantea, un extraño crustáceo que puede alcanzar los 34 centímetros de longitud y que se ha localizado en profundidades que oscilan entre los 3.890 y los 8.931 metros.
Un estudio de la Universidad de Australia Occidental ha analizado casi 200 registros de la especie en 75 ubicaciones en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico. Tras analizarlo, los investigadores llegaron a la conclusión de que esta criatura habita el 59 % de los océanos del mundo.
Este hallazgo desafía más de cien años de suposiciones científicas. Desde su identificación inicial en 1899, según informa IFL Science, esta criatura había sido considerada una rareza del mundo abisal. Su escasa presencia en registros y avistamientos reforzaba la idea de que era extremadamente poco común. De hecho, tras ser captada en video por primera vez en los años 70 en el Pacífico Norte, pasaron casi 20 años sin que se detectaran nuevos ejemplares.
Esa aparente escasez llevó a interpretaciones erróneas por parte de la comunidad científica. «Durante mucho tiempo, esta especie ha sido poco registrada o estudiada en comparación con otros anfípodos de aguas profundas, lo que llevó a pensar que su población era muy reducida», señala Paige Maroni, bióloga molecular marina de la Universidad de Australia Occidental. Sin embargo, los datos actuales revelan una realidad distinta: la especie no es tan rara como se pensaba, sino que habita zonas tan remotas y profundas que han permanecido fuera del alcance de la observación humana durante décadas.
Zonas inhóspitas
Esta especie vive en algunos de los entornos más extremos del planeta: las profundidades abisales, a entre 3.890 y 8.931 metros por debajo de la superficie marina. En esas regiones, reina la oscuridad total, las temperaturas son extremadamente bajas y la presión del agua alcanza niveles extremos. Aun así, estas criaturas no solo logran sobrevivir, sino que se desarrollan con éxito en condiciones tan adversas.
Su aspecto coincide con el de un camarón, pero de aspecto fantasmal —es pálido— y una envergadura extraordinaria, de hasta 34 centímetros. Esto le convierte en el anfípodo más grande conocido por la ciencia. Cuentan, además, con un conjunto singular de genes vinculados a la eficiencia energética, la resistencia a la escasez de alimento y la capacidad de sus células para funcionar bajo presiones extremas. Su enorme tamaño parece ser una adaptación precisa que les permite acumular mayores reservas y soportar largos periodos sin alimentarse.
Este hallazgo revela una verdad aún más amplia: nuestro conocimiento sobre las profundidades oceánicas es extremadamente limitado. De acuerdo con una investigación reciente, menos del 0,001 % del lecho marino profundo ha sido observado directamente por el ser humano, y la exploración sigue siendo escasa debido a las condiciones extremas de ese entorno.