El incendio forestal declarado el pasado martes en el entorno de la localidad cacereña de Jarilla ha arrasado ya más de 12.000 hectáreas, lo que lo convierte en uno de los mayores siniestros registrados en la región en los últimos años
Testimonios
La resistencia de Cabezabellosa (Cáceres) en la zona cero del fuego: «Si no es por los vecinos se habría quemado»
En lo que va de año, al menos 250.000 hectáreas se han quemado en España. Esta desgracia medioambiental ha sido multiplicada este verano, como consecuencia de las múltiples incendios forestales que han tenido lugar en las últimas semanas. De los que siguen activos esta semana, preocupan especialmente tres: 62.000 en Orense –con 62.000 hectáreas calcinadas–, Molezuelas de la Carballeda (Zamora) –con 31.500– y Jarilla (Cáceres) –donde ya se superan las 12.000–.
En este último, el fuego continúa totalmente descontrolado una semana después de su inicio, siendo uno de los mayores siniestros registrados en la región en los últimos años. Ahora, los principales esfuerzos están centrados en controlar un fuego que poco a poco se estaría acercando a Salamanca.
Dada la extrema virulencia del fuego, a lo largo de los últimos días varios núcleos de población han tenido que ser desalojados como consecuencia de la cercanía de las llamas. Ahora mismo continúan evacuados las poblaciones de Rebollar y Gargantilla, así como varias casas periféricas de Hervás, población que se encuentra confinada.
Uno de los primeros núcleos que tuvieron medidas restrictivas fue Cabezabellosa. Este pueblo, de tan solo 370 habitantes, se convirtió en el bastión de la resistencia vecinal contra el fuego. Durante varios días, una quincena de vecinos puso en peligro sus vidas con el objetivo de salvar sus casas. A pesar de estar rodeados por las llamas, se negaron a desalojar su tierra, algo que acabó siendo clave para que el pequeño municipio siguiera en pie.
Incendio de Jarilla, en la zona de Hervás (Cáceres)
«El fuego ya pasó pero lo hemos pasado realmente mal. El fuego se metió casi en el pueblo. Si no es por vecinos que echaron una mano, se hubiera quemado. Si no es por su ayuda y la de los bomberos... entre unos y otros, se ha salvado el pueblo», relata a El Debate Javier, dueño de un restaurante del pueblo.
A pesar de que finalmente las consecuencias para el pueblo fueron mínimas, la realidad es que las pérdidas económicas para el comercio local siguen haciéndose notar días después de que se originara el incendio.
«Mi negocio se ha visto afectado porque hemos estado cerrados cuatro días en plena semana del 15 de agosto, generando un grave perjuicio económico», destaca.
Otro de los municipios que fue confinado en los últimos días fue Casas del Monte, situado a algo más de siete kilómetros de la zona cero. Al igual que en Cabezabellosa, en las últimas horas el confinamiento que sufría la población fue levantado finalmente por las autoridades. Sin embargo, sus vecinos revelan que las consecuencias derivadas del fuego se prolongarán hasta dentro de las próximas semanas.
Vista del incendio de Jarilla (Cáceres) en la localidad limítrofe de Hervás
«Lo estamos llevando un poco mal. Se ha fastidiado el mejor puente del año, es una faena. Lo que queda de verano estarán todas las casas rurales vacías, vendrá poca gente por el miedo al fuego, entonces tendremos un verano realmente malo», señala Quintín, dueño de un bar en esta localidad.
«Extremadura está abandonada»
Mientras, a la espera de que la situación se controle, desde APAG Extremadura Asaja han puesto de manifiesto la dramática situación que actualmente vive la región.
«Este año en Extremadura está toda abandonada. Tiene mucho material, mucho combustible para arder en cualquier momento. Tienen las zonas rurales abandonadas, cargándose con ello la base de la pirámide económica», destacaba Juan Metidieri, presidente de APAG Extremadura Asaja.
Por ello, desde la entidad han demandado una serie de ayudas inmediatas y directas para agricultores, ganaderos y apicultores afectados, así como que no se apliquen penalizaciones de la PAC en las zonas calcinadas. Finalmente, la organización demanda «un cambio radical en las políticas medioambientales y rurales consensuado con el sector agrario y ganadero».