Fundado en 1910

Imagen proporcionada por la NASA de un huracánGetty Images

¿Qué es un huracán y cómo se forma? Explicación del fenómeno meteorológico más extremo del Atlántico

Más allá del viento, estos sistemas tormentosos suelen traer consigo lluvias torrenciales, oleaje extremo y marejadas ciclónicas que pueden elevar el nivel del mar varios metros en las zonas costeras

La temporada de huracanes en el Atlántico se extiende oficialmente del 1 de junio al 30 de noviembre. Sin embargo, este año la actividad se mantiene inusualmente baja justo en el pico del periodo, una circunstancia que desconcierta a los expertos y, al mismo tiempo, aporta cierto respiro a los habitantes de la región, aunque con la inquietud latente de que lo más intenso aún pueda estar por venir.

Los huracanes son uno de los fenómenos meteorológicos más poderosos y, al mismo tiempo, más estudiados por la ciencia atmosférica. En esencia, se trata de un tipo de ciclón tropical, un sistema de baja presión que se desarrolla en las zonas tropicales y que se alimenta de la energía almacenada en los océanos cálidos. Estos sistemas están asociados a tormentas eléctricas intensas y, en el hemisferio norte, presentan un movimiento giratorio de los vientos en sentido antihorario cerca de la superficie.

El Instituto de Geociencias (IGEO) del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid (UCM) detallan que un huracán puede alcanzar entre 8 y 10 kilómetros de altura, extenderse más de 500 kilómetros en anchura y registrar vientos sostenidos por encima de los 200 km/h. Una maquinaria atmosférica de enorme escala que se activa gracias a un proceso fundamental: la condensación del aire húmedo. Cuanto más cálidas son las aguas oceánicas, mayor es la evaporación y, por tanto, más energía disponible para que un ciclón se organice e intensifique. De ahí que su periodo de mayor actividad coincida con el final del verano y el inicio del otoño, cuando la temperatura del mar alcanza sus valores máximos.

Los ciclones tropicales no siempre alcanzan la categoría de huracán. Dependiendo de la velocidad de sus vientos, reciben diferentes denominaciones:

Depresión tropical, cuando los vientos son inferiores a 63 km/h.Tormenta tropical, con vientos de entre 63 y 118 km/h.Huracán o tifón, cuando superan los 119 km/h, con posibilidad de alcanzar más de 250 km/h en los casos más extremos.

Mientras se mantienen sobre el océano, estos sistemas pueden crecer y fortalecerse a medida que absorben más energía. Sin embargo, al tocar tierra pierden rápidamente intensidad, ya que se ven privados de su fuente de alimentación: el aire cálido y húmedo procedente de la superficie marina.

Más allá del viento, los huracanes suelen traer consigo lluvias torrenciales, oleaje extremo y marejadas ciclónicas que pueden elevar el nivel del mar varios metros en las zonas costeras. Estos impactos combinados los convierten en fenómenos potencialmente devastadores para las comunidades costeras.

Condiciones necesarias

Para que un huracán se forme deben cumplirse varias condiciones simultáneas: la temperatura del agua debe estar por encima de los 26 °C, lo que asegura un aporte constante de humedad; la localización geográfica es clave, ya que cerca del ecuador la fuerza del efecto Coriolis es demasiado débil para que el sistema gire; además, la cizalladura del viento –la diferencia de dirección o intensidad entre diferentes capas de la atmósfera– debe ser baja, porque de lo contrario la estructura del ciclón se desorganiza.

También es esencial que exista un ambiente húmedo en niveles bajos y medios de la atmósfera y una perturbación previa, como una onda tropical. Estas ondas, que se desplazan de este a oeste en los trópicos, actúan como semillas de los ciclones cuando las condiciones son favorables.

¿Huracanes en el Mediterráneo?

Las condiciones que hacen posible la formación de huracanes en los trópicos no se reproducen en el Mediterráneo. Aunque sus aguas pueden superar los 26 °C en verano, el calentamiento no es tan persistente como en los océanos tropicales y, además, el reducido tamaño del mar impide que los ciclones puedan recorrer largas distancias y nutrirse de manera continua.

Lo que sí se observa de manera ocasional son los llamados medicanes (abreviatura de Mediterranean hurricanes). Se trata de tormentas con ciertas similitudes estructurales a los ciclones tropicales, pero de menor intensidad y alcance.

El nombre de los huracanes

La práctica de asignar nombres a los huracanes comenzó en 1950 con códigos alfanuméricos y, poco después, exclusivamente con nombres femeninos. No fue hasta 1979 cuando la Organización Meteorológica Mundial (OMM) adoptó el sistema actual: listas de 21 nombres que alternan entre masculinos y femeninos, utilizadas de manera rotativa cada seis años.

​Si un ciclón provoca daños importantes o víctimas, su nombre se retira permanentemente para evitar confusiones futuras. Así ha ocurrido con algunos de los huracanes más destructivos del pasado reciente. En la actualidad, nombres como Humberto, Imelda, Jerry o Karen forman parte de las listas recientes de referencia para el Atlántico.