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Varios pájaros descansan sobre un cable de alta tensiónGetty Images

Uno de cada dos tipos de aves está en peligro: así se está vaciando el cielo

Son piezas fundamentales del equilibrio ambiental: polinizan, dispersan semillas, controlan plagas, limpian los ecosistemas y contribuyen al ciclo de nutrientes

Más de 7,7 millones de especies de animales forman el ecosistema del planeta. De ellos, cerca del 20 % se encuentra en peligro de extinción por diversas causas, algo que compromete la vida de la Tierra tal y como la conocemos.

Las aves representan aproximadamente el 11,82 % del total de especies animales en el mundo y son precisamente ellas las que se encuentran en una situación comprometida, puesto que más del 60 % de estos seres presentan poblaciones en declive según un informe publicado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Al actualizar la Lista Roja de la UICN –una de las principales fuentes globales sobre el estado de conservación de animales, plantas y hongos– se ha alertado de la situación de las especies aviares. Esta tendencia podría llegar a alterar la composición de numerosos ecosistemas y afectar diversos medios de sustento humano.

La organización BirdLife International, en colaboración con un equipo internacional de especialistas, ha evaluado el estado de 11.185 especies a lo largo de los últimos nueve años. El resultado es preocupante: 1.256 especies –casi el 11,5 % del total– se encuentran amenazadas a escala mundial y el 61 % muestra una disminución en sus poblaciones, un porcentaje muy superior al 44 % registrado en 2016.

«El hecho de que tres de cada cinco especies de aves estén disminuyendo demuestra cuán profunda es la crisis de biodiversidad», advirtió Ian Burfield, coordinador científico global de BirdLife. Para el experto, estos datos evidencian la urgencia de que los gobiernos cumplan los compromisos asumidos en acuerdos internacionales como el Convenio sobre la Diversidad Biológica.

La pérdida de hábitats naturales, impulsada por la deforestación y la expansión agrícola, continúa siendo la principal causa del declive. Pero no actúa sola: la agricultura intensiva, la tala indiscriminada, la introducción de especies invasoras, la caza, la captura de aves y el cambio climático agravan un escenario que se extiende por todos los continentes, según el informe.

Pone también especial atención en regiones tropicales que concentran gran parte de la biodiversidad mundial. Madagascar, por ejemplo, ha visto cómo 14 especies endémicas de aves forestales fueron reclasificadas como «Casi amenazadas», y tres más pasaron a la categoría de «Vulnerables». En África Occidental, cinco especies sufren el mismo destino, entre ellas el cálao de casco negro, afectado tanto por la destrucción de su hábitat como por la caza y el tráfico ilegal. En América Central, la pérdida de selvas ha llevado al ruiseñor norteño de cola corta a un riesgo mayor de extinción.

Las aves son piezas fundamentales del equilibrio ambiental: polinizan, dispersan semillas, controlan plagas, limpian los ecosistemas y contribuyen al ciclo de nutrientes. Algunas especies cumplen funciones ecológicas clave; los cálaos, por ejemplo, pueden dispersar hasta 12.700 semillas grandes por kilómetro cuadrado cada día, ayudando a regenerar bosques tropicales y a mantener su capacidad de almacenar carbono.

Sin embargo, la alteración de los ecosistemas está intensificando los efectos del calentamiento global sobre las aves. Un estudio publicado en la revista Nature reveló que las olas de calor están acelerando la desaparición de especies en las regiones tropicales, que concentran cerca del 80 % de la biodiversidad del planeta. Entre 1950 y 2020 –y especialmente desde la década de 1980– se ha perdido entre un 25 % y un 38 % de las poblaciones debido al incremento de los días con temperaturas extremas.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) recuerda que las aves son indicadores precisos de la salud ambiental y desempeñan un papel esencial en la sostenibilidad de los ecosistemas. Su declive, por tanto, es una señal de alarma sobre el deterioro general del planeta.

Revertir esta tendencia, advierte Burfield, requiere acciones inmediatas y coordinadas: proteger los bosques, restaurar los ecosistemas degradados y reforzar las políticas de conservación. «Solo así podremos detener el declive global y preservar el papel fundamental que las aves desempeñan en la estabilidad del planeta», concluye.